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El "blog" de Federico Revilla
Victoria española : la selección nacional se proclamó Campeona del Mundo de Futbol. Una explosión de alegría total, pero sobre todo espontánea y contagiosa. Durante mucho tiempo, los inlelectuales y quienes se preciaban de tales desdeñaron las manifestaciones de entusiasmo futbolístico. Ello se debía en parte a su explicable prevención respecto de las masas, pero también a la sospecha de que el régimen franquista favorecía el futbol para mantener al pueblo desinteresado de la política. Los tiempos han cambiado, pero no la pasión hacia el futbol, aumentada hoy también en las generaciones jóvenes que nada conservan de los condicionamientos de antaño. No sorprende a nadie que la victoria en el campeonato mundial jugado en Sudáfrica haya sido vivida con una intensidad arrolladora. Intensidad, pero también unanimidad. Vale la pena reflexionar sobre ello. Por ejemplo, en Barcelona, como en toda Cataluña, existe una considerable minoría nacionalista, que no quiere saber nada respecto de España y evita incluso su nombre. La víspera de la gran final de futbol, precisamente, se congregó una multitudinaria manifestación, con objetivos confusos (porque los políticos actuales creen que la confusión les beneficia) pero un fondo común independentista. ¿Y bien? Poco más de 24 horas más tarde, las muchedumbres vibraron con el triunfo de España : en Barcelona, lo mismo que en Madrid, en Zaragoza, en Sevilla... o en Vitigudino. El pueblo parecía impregnado de fervor españolista : banderas, cohetes, músicas, abrazos, risas... Sin embargo, esa alegría en todo el país – de la que pocos se han librado – contiene algunos otros valores que tampoco sería justo desdeñar. Ante todo, su casi completa unanimidad : las gentes de este país se sienten alegres y felices, pero al unísono, y precisamente el sentirse identificadas de este modo potencia su euforia. El sentimiento de unidad es bueno, sobre todo cuando surge sin imposición alguna, ni cálculo, ni intereses consiguientes (ni peligro de instrumentalizaciones). Mejor, cuando el motivo es grato : “nos alegramos de ser tantos quienes nos sentimos entusiasmados”. Se ha comentado mucho el espontáneo uso de la bandera española. Ésta ha pasado súbitamente a ser patrimonio común de todos, pero al margen de la solemnidad y la significación : los jóvenes, sobre todo, se la colocan sobre los hombros, la anudan en su cabeza o se pintan el rostro con sus colores. Se ha convertido en “algo suyo” sin ulteriores intenciones. Mientras que en otro tiempo había sido estrechamente identificada con el espíritu militar, así como con ciertas opciones políticas rígidamente derechistas. De hecho, era factor de división entre los españoles. En cambio, ahora resulta que les une, si bien en un plano acomprometido, cotidiano y más bien festivo. En resumen, sirve para exteriorizar realidades gratas. En segundo lugar, este equipo de magníficos deportistas – pues nunca hubo una selección tan brillante en su juego – se convierte en un repertorio de modelos para sus compatriotas. Debe reconocerse que en cuanto futbolistas son excelentes. Ello induce a considerar unos rasgos estéticos que sin duda ennoblecen este deporte. El futbol bien jugado, con velocidad, pases precisos, regates inesperados y finalmente (cuando es posible) la consecución del gol o en su defecto el elástico y milimétrico esfuerzo del guardameta, poseen una belleza propia en y por el movimiento (como habían previsto en su tiempo los futuristas), pero también el sesgo inesperado, la inventiva al segundo del jugador y su evitación de la acción del contrario, componen una secuencia apasionante, pero también hermosa. Es posible disfrutar viendo “buen futbol”. No puede negarse, sin embargo, que una mayoría de los aficionados sólo piensa en la victoria. Su júbilo o su contrariedad dependen exclusivamente de que gane o pierda, respectivamente, su equipo. Bien, esta vez hemos tenido la suerte de ver coincidir ambos criterios : el puramente material (se ha ganado) y el estético (se ha jugado muy bien para ganar así). Se explica esta feliz coincidencia porque los componentes del equipo campeón han sido formados a imagen y semejanza de Guardiola – entrenador de muchos de ellos en el C. de F. Barcelona –, que no sólo es un técnico estupendo, como hubo sido un magnífico jugador, sino un joven educado, culto, ecuánime y sumamente agradable. En suma, un ideal para la convivencia. Según este prototipo, los jugadores, sin alteración de sus muy diversos caracteres, se caracterizan por su limpieza y buenas maneras en el juego, su grata sencillez y su apego a los respectivos ambientes sociales de donde proceden. Buena gente que practica buen futbol. El toque personal de Vicente del Bosque – seleccionador nacional – actúa en sentido análogo desde una personalidad bastante diferente : serio, introvertido, un hombre bueno que tiene precisamente aspecto de tal. Inspira a sus hombres un respeto afectuoso casi “paterno”. Y ha demostrado saber también mucho de futbol. En fin, el gozo por el gran triunfo ha barrido casi enteramente las circunstancias negativas. Así como el partido semifinal contra Inglaterra había sido magnífico, la final contra Holanda fue tediosa y desagradable : los holandeses, que técnicamente son muy considerables, jugaron un feo partido, empeñados en “destruir juego” – temor se llama eso a la fulgurante belleza del futbol español – echando mano de marrullerías y violencias inadmisibles. Pocos se han entretenido en este aspecto, porque el relumbrón de la fiesta no admite “peros” ni siquiera ajenos. Algunos observadores han señalado una necesidad actual del individuo que le induce a con-vivir los grandes momentos. Quizá las gentes se sientan demasiado solas y por eso agradecen los acontecimientos para experimentar unas emociones “en medio de la multitud”, fundidas en ella. El calor sofocante de aquellos días no invitaba a salir a la calle y apretujarse en el gentío. Sin embargo, eso hicieron muchos millares de españoles, tanto para ver los grandes partidos en el exterior, donde se habían instalado para ello pantallas-gigante ; sino, seguidamente, durante las celebraciones del recibimiento de los campeones. Madrid fue un hervidero de masas : por lo demás, infatigables. ¡Menudo “record” de paciencia y de resistencia! (calígine, sed, fatiga, apreturas, dificultades de desplazamiento elevadas al cubo). Los medios de comunicación han hablado mucho de “momento histórico”. Pase, también hay una historia del futbol. “Campeones eternos”, he llegado a leer en un titular de cuerpo aparatoso. ¡Qué desmesura! Convendrá conformarse con un poco menos : esta alegría colectiva contiene gérmenes para que no sólo el futbol en sí mismo, sino la sociedad española en general aprenda a desarrollar un poco mejor su diaria convivencia. O sea, trabajar para merecer una Copa del Mundo Permanente de los Asuntos Menudos. julio 2010
Fotografía en cabecera. Iker Casillas evitando un gol seguro. Al cabo, Iker intervino poco durante los partidos del campeonato gracias a la solidez de su defensa, que permitió escasas ocasiones de peligro ante su meta.
“Claro que nos gusta el juego bonito. Pero sin goles y sin triunfos no hacemos nada”.
“Muy bueno, muy emocionante. Lo digo desde esta catedral del futbol, que por ahora es un futbol destronado”.
“Enhorabuena a los campeones. Nos gustaría mucho un gran partido contra ellos. Seguro que sería magnífico”.
“La final fue como el desenlace de una película de acción : el malo (Holanda) tiene que perder ante el bueno (España). Pero no hace falta que el malo sea tan violento”.
“¿Quieren que el futbol sea también cultura? No me parece mal. Pero costará tiempo civilizar a algunos brutos que no lo deben tener tan claro”.
“Todos vamos a aprender muchas cosas de ese equipo de ensueño. ¡Que les dure!”.
“Si el futbol bien jugado, bien entendido y bien dirigido, llegase a ser una especie de escuela cívica... no podría pedirse más. Pero no estoy muy seguro. Ahora todo se ve accesible y fácil, pero no lo es”.
“Claro que nos gusta el juego bonito. Y nos entusiasma que gane España. Pero, sobre todo, nos emociona sentirnos unidos en lo que logran los jugadores. ¡Aunque estemos tan lejos!”.
“Bueno, por fin mis padres no se van a impacientar si hablo de futbol a todas horas”.
“Esas autoridades que dicen preocuparse tanto de las “maras”, ¿han pensado reclutar a su gente para jugar al fubol? A lo mejor, el problema iba disminuyendo... hasta desaparecer”.
“He aprendido algo nuevo. Mi entrenador puede influir en mi vida más de lo que yo imaginaba”.
Historial completo de Federico Revilla en su web personal:
www.cultuamericas.org/fr
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