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El "blog" de Federico Revilla¿Sólo una gota más? Como quiera, la gota que hace rebosar el vaso. La noticia de que la Santa Sede ha intercedido ante el gobierno británico a favor de Pinochet ha causado estupor e indignación en muchos sectores. Entre los fieles católicos, temo que su efecto haya sido de escándalo, en el más puro y bíblico sentido del término. Aunque los detalles son confusos en los primeros momentos y se dice que no ha habido intervención personal de Juan Pablo II, parece innegable que en una institución de régimen tan absoluto incumba a su jefe supremo una responsabilidad inesquivable : dicho de otro modo, no se concibe que ninguna autoridad inferior adoptase una actitud tan neta si no fuese con la certeza de interpretar sus propios sentimientos. Si no se tratase de “interpretarlos”, sino de “suplantarlos”, peor que peor. He aquí, pues, que mientras desde todos los rincones del mundo se han elevado voces concordes solicitando justicia para el que fue siniestro dictador, la jerarquía oficial de la Iglesia católica solicita que sea exonerado de ella. En atención – se dice – a consideraciones humanitarias. Si así fuera solamente, la gestión hubiera sido innecesaria. Ni una sola de aquellas voces concordes ha pedido la pena de muerte para Pinochet – que tantas hubo causado – ; tampoco se engaña nadie acerca de su destino efectivo : aunque sea, al fin, juzgado, aunque sus jueces lleguen a condenarle, ese hombre sanguinario se beneficiará de los miramientos que todos los países civilizados usan con la gente de su edad y quedará, a lo sumo, en una situación de prisión privilegiada, en una especie de “jaula de oro” como la que le acoge durante estos últimos meses (holgada si acaso no suntuosamente alojado, bien tratado, acompañado por los suyos, recibiendo la visita de sus amigos, en un lugar tranquilo y protegido). ¿Qué sentido tiene pedir “humanidad” para él, si ya la tiene asegurada? No recuerdo, en cambio, que las altas instancias vaticanas hubieran hecho gestiones semejantes en favor de los millares de víctimas del propio Pinochet – entre ellas, también sacerdotes – , asesinadas, torturadas o sencillamente arrojadas a lóbregas mazmorras, sin motivo ni proceso algunos. Hubo entonces un espeso silencio culpable. ¿No merecían acaso la “humanidad” que ahora se invoca para su verdugo? Irritante diferencia de criterio. Los creyentes que hasta aquí hemos “resistido” – que no aceptado, ni compartido – tantas incongruencias no podemos explicar esta última. Menos todavía, justificarla. Ni siquiera pasarla por alto. Tan sólo podemos – yo puedo – desolidarizarnos respecto de gente tan parcial, que, para mayor vergüenza, dice recibir su autoridad nada menos que de Jesús de Nazaret. Aquí la incongruencia se hace sacrílega. Estremece pensar que el “segundo” en la jerarquía oficial de la Iglesia (el cardenal Secretario de Estado, Angelo Sodano) sea amigo personal de Pinochet : no ha vacilado ahora en justificar aquella intercesión en unos términos que no pueden convencer a nadie sino de su parcialidad y su tosquedad intelectual. Ante datos semejantes, con esta institución ninguna persona decente puede querer nada. Que el cardenal Sodano es un personaje impresentable lo sabíamos desde hace tiempo : yo mismo escribí un artículo reprobando su tan anticristiana descalificación personal del teólogo Leonardo Boff. Pues ahí sigue el deslenguado cardenal : en lo más alto. No cabe duda : conserva la íntegra confianza de su “único” superior jerárquico. Para mi está muy claro. Demasiado claro, ya. No es mi líder, ni mi guía, ni mi maestro, no es para mi nada, quien hoy defiende a Pinochet y no defendió, en su día, a sus víctimas. La institución que ha conducido hasta semejante sarcasmo ocasiona con ello un deterioro – ¿último, irreparable? – a los valores evangélicos de los que se le había supuesto garante. Que no cuente conmigo. Me doy de baja. Porque quiero continuar al lado de los perseguidos, los pobres, los olvidados. Y me subleva que continúen usando en vano el nombre de Jesús, mi único maestro, individuos que confraternizan con asesinos o torturadores. Imposible hacerlo caer en peor descrédito. Mi “baja” no significa nada, bien lo sé. Para mi, personalmente, significa mucho. Punto : hasta aquí llegaron las aguas. febrero 1999
“Vergonzoso. Lamentable. Si usted quiere darse de baja, lárguese de una vez y no airee su opinión putrefacta. No nos hace falta a nadie. Gracias a Dios, en la Iglesia hay millones de personas sencillas y buenas que no le van a echar de menos a usted. Sobre todo, si se calla y no vuelve a escribir textos tan miserables como este”.
“Me ha dado mucho que pensar. Tengo un poco de miedo a estar de acuerdo con usted, porque mi formación religiosa infantil tira en sentido contrario, pero yo también he pensado algunas veces cosas parecidas. Las he evitado, porque me habían dicho que los malos pensamientos son pecado. No sé hacia dónde ir. Son malos estos tiempos”.
“Todo lo de Pinochet fue demasiado terrible y apestoso para encontrarlo mezclado con cosas santas”.
“Creo que tiene razón. Yo nunca me planteo esas cosas, pero ahora que leo lo que dice... pues sí, es verdad. Imagino el berrinche que se llevarán ciertos curas y ciertos carcundas, pero allá ellos. No les sobraría reflexionar un poco también. Hasta hace algún tiempo sólo ellos podían opinar. Pues eso se acabó”.
“Viví por desgracia muy de cerca la época de Pinochet. Varios amigos míos desaparecieron y yo pasé dos años escondido. Hubo otros dos de quienes se supo con certeza la muerte, probablemente después de varias sesiones de tortura. Tampoco he comprendido nunca el menor signo de compañerismo de gentes de la Iglesia con los autores de aquellas atrocidades. Ahora, mi país es otro, por fortuna, pero aquello no se olvida tan fácilmente. Y la cercanía de gentes que se llenan la boca con palabras de paz y de amor me parece una burla atroz. Todavía. Por eso comprendo su actitud, aunque renueva mi dolor por aquellos recuerdos”.
“Nada con los criminales. Nada con los golpistas. El evangelio es todo lo contrario”.
Historial completo de Federico Revilla en su web personal:
www.cultuamericas.org/fr
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