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El "blog" de Federico RevillaMalos tiempos. Lo dice todo el mundo y hay que creerlo, no porque se diga, sino porque la inmensa mayoría de la población lo experimenta en lo más vivo. Crisis galopante. Paro generalizado. Corrupción en proporciones abrumadoras, tanto a derecha como izquierda... aunque parece que mucho más en uno de ambos sectores. Se inició la catástrofe – es cierto – en los Estados Unidos, pero no hay que olvidar que algunos de los más prestigiosos bancos españoles se habían enredado también en los productos financieros “tóxicos” que desencadenaron la crisis económica mundial. Sí, precisamente por decisión de algunos de aquellos altos ejecutivos, a quienes se retribuye principescamente en atención a una excelencia en economía (que se les supone), la cual no les impidió “caer” en algo no demasiado diferente del viejo “timo de la estampita”. Por supuesto, ellos continúan sin padecer los efectos del hundimiento de los mercados : ellos continúan percibiendo retribuciones multimillonarias. ¿Y el pueblo llano, el 98 % de los ciudadanos? En el fondo del desánimo. La política más próxima ofrece un panorama desolador. La carencia de liderazgo es anonadadora. Por un lado, la negación absoluta de todo lo que haya enfrente, sólo insultos, desprecios, calumnias y suposiciones negativas. Hosca inquina. Violencia verbal sin freno. La mala uva elevada a categoría política. Pero ni una sola idea constructiva, ni una sola aportación aprovechable. Sería calamitoso que esos personajes que ofrecen tan desastrosa imagen fuesen representativos del pueblo español : por lo general, amable y conciliador, optimista, probablemente un poco superficial, pero por lo general benevolente. Por el otro lado, un “buenismo” que llega a ser inoperante, una completa falta de reflejos, una resistencia a llamar las cosas por su nombre, una insistencia bobalicona en tender la mano a quien, si pudiera, escupiría en ella... Una inseguridad patente, un vaivén de propuestas que hoy se presentan y mañana se retiran : una falta de solidez, convicción y decisión. Las sociedades maduras, como los niños que naturalmente no lo son, necesitan puntos de referencia claros y firmes : una visión veraz de la realidad – aunque sea adversa –, unas perspectivas bien delineadas sobre lo que es preciso hacer y una determinación invariable para emplear los medios necesarios. Si, en lugar de todo eso, no se ofrece más que un bamboleo de vacilaciones, cunden la inseguridad y la desconfianza. Además de la inflación, la pobreza y el desánimo. ¿Habrá que reconocer – como en su tiempo hizo el Conde-Duque de Olivares – que “en España no hay cabezas”? Sería catastrófico. Pero, no : las hay. Lo que sucede es que las grandes inteligencias huyen de la política. Tenemos un plantel de especialistas de primer orden en las diversas especialidades de la medicina. Grandes intelectuales y artistas, quizá como en los mejores tiempos. Economistas, ingenieros, físicos... Pero, en efecto, perciben que la política es “otra cosa”. Cierto : lo es. Una actividad entre las más nobles, pues se dedica a lograr el máximo de bienestar, acomodo y, al cabo, felicidad entre todos los demás ciudadanos (o el mayor número posible de ellos). Pero... se muestra tan tarada, tan desenfocada de aquellos objetivos más altos y, a la inversa, tan sumida en pequeñeces, necedades y corruptelas, que los ciudadanos sobresalientes optan por evitarla. Con muy sano criterio, prefieren no contaminarse en medio de un ambiente tan enrarecido. La consecuencia a la vista está. Ausencia de liderazgo y de estímulo : la exaltación de la mediocridad, cuando no de las más rechazables mañas para el enriquecimiento rápido. Ser optimista ante este panorama sería otra forma de heroísmo.
noviembre 2009
“Ah, pero... ¿usted dedica alguna atención a la política?”.
“No podía imaginar que hubiera tanto pesimismo en un país tan creativo”.
“Los políticos son aburridos, repetitivos y encima, a menudo, maleducados (con sus rivales). Pretenden convencernos de que tienen soluciones para todo. Pero apenas mencionan ninguna para convencernos de sus ventajas. Por lo visto, esperan que el pueblo haga un acto de fe en ellos. Pues están lucidos”.
“No comprendo por qué les dedican tanto espacio en televisión. Son inaguantables. Un somnífero seguro”.
“Comprendo que muchos se los tomen a broma. Pero, ¿quién va a dirigir el país? A este paso, los peores : los que no sirven para nada más que gritar y repetir consignas estúpidas”.
“Entre los amigos no hablamos nunca de política, ni de cómo gobernar, ni de cómo solucionar los problemas... ¿Para qué? Lo que vemos y oímos en la tele es para quitar las ganas a cualquiera. Que se arreglen”.
“¿Puede haber gente más vacía y menos digna de confianza que los que se ofrecen para gobernarnos? Pues si ese es nuestro futuro... E P D”.
Historial completo de Federico Revilla en su web personal:
www.cultuamericas.org/fr
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