El "blog" de Federico Revilla


ALGO PARA CONFIAR

Demasiado pesimismo en este “blog”. Lo sé. Lo acepto. Y aunque así no fuera, muchos de mis corresponsales se encargarían de recordármelo. Hacen bien y es estupendo que alberguen reservas de confianza o de satisfacción, porque también hay realidades que las merecen.

Lo malo es que no abundan...

Los políticos en el mundo son generalmente tan anodinos, cuando no incapaces, ¡y suerte que no haya todavía más corruptos!, que la mirada tendida sobre el panorama global no puede ser sino decepcionante. En algunos casos, alarmada.

La democracia, tan jaleada, no pasa de ser un mal menor : un leve consuelo cuando se reflexiona con buena fe que los ciudadanos “podríamos” intervenir, corregir, reclamar, ¡decidir!... en asuntos públicos. La realidad suele desmentir tan bellos ideales. Una tupida red de politiquillos y burócratas suele impedir el paso de la voz o la intervención de los que no son una cosa ni la otra.

Profunda desconfianza. Demasiados temores justificados. Escándalos, omisiones y dudas en torno a los grandes problemas, tanto internacionales como nacionales e incluso locales.

Por eso el hombre común necesita imperiosamente conocer los casos excepcionales : sean personalidades competentes, válidas, rectas y firmes que ocupen sendos cargos determinantes. O bien instituciones respetables : que lo sean no solamente en su constitución y sus objetivos, sino también en la ejecutoria de sus responsables respectivos. Este es el caso del Tribunal Penal Internacional, con sede en La Haya. Su principal objetivo – que no el único – : “luchar contra la impunidad de los genocidios, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra”.

Habría, hay, muchos poderosos que debieran sentarse ante el Tribunal de La Haya.

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Este Tribunal fue creado en 2002 y desde entonces ha ido configurándose en medio de no pocas dificultades y demoras. No siendo las menores de ellas la reticencia, cuando no la oposición, de diversos países : un detalle indicativo, y “más que un detalle”, es el hecho de que los Estados Unidos de América se haya resistido hasta nuestros días a ratificar el estatuto de Roma que lo creó.

A pesar, sin embargo, de tantos obstáculos, el Tribunal Penal Internacional existe y actúa. Ha sometido a juicio a varios personajes sobre quienes pesan evidencias criminales (el veredicto que merezcan las confirmará o no, pero las presunciones son muy sólidas). Su trabajo es lento, minucioso, delicadísimo. Ninguna espectacularidad. Profunda autoexigencia. Su actual presidente, Sang-Hyun Song, es un hombre profundamente concienciado, autoexigente y paciente. Encabeza un equipo de 18 jueces y casi 700 funcionarios pertenecientes a 90 países. Está en sus manos, nada menos, que sanear los métodos de los poderosos : que hasta ayer mismo pudieron creer que todo les fuera permitido.

La lentitud de los procedimientos – que puede impacientar a la opinión pública – es otra garantía de justicia. Porque no en vano una institución tan reciente hace suya, aplicándola, aquella dignísima exigencia del derecho romano : “In dubio, pro reo”.

Paciencia, pues, y máximo apoyo moral a uno de los más sólidos avances de la sociedad actual. Este organismo es una novedad absoluta en la historia de la civilización : jamás se había intentado atribuir a la justicia semejante universalidad.

Hay que confiar. A trancas y barrancas, el mundo puede encaminarse a lo mejor. La existencia y la actividad de un organismo semejante justifica una gran esperanza, aunque sea arriesgado señalarle fechas para la plenitud de su ejercicio.

agosto 2011

Fotografía que ilustra este texto. Sang-Hyun Song, un hombre que conoció de cerca la crueldad – su abuelo fue torturado por ingleses, entonces en la cumbre de su poder material –, la persecución y el temor invencible, se erige hoy en figura predominante del valladar contra aquellos excesos. Una gran esperanza, que se debe consolidar poco a poco.


PARTICIPACIÓN Y OPINIONES

“Ya era hora de que usted se manifestara esperanzado. Ese Tribunal Penal Internacional es un anticipo de una política universal que quizá algún día quede limpia al fin, por las buenas o las malas. Cuestión de tiempo, pero también de duro trabajo y sacrificio para los que trabajan para y por el Tribunal. A ellos nuestro agradecimiento, ya”.
Diego Carmona (Barcelona).

“Una perspectiva para los ánimos. Pero, ¡hay tanto que hacer! ¡Tantos atropellos, tantos crímenes (descubiertos o encubiertos)!. Mantengamos la confianza”.
René Descourt (Nimes. France).

“Gracias por darme a conocer la figura de Sang-Hyun Song. Necesitamos mucha gente de esa talla ética y profesional”.
Mariana Aliche (La Paz. Bolivia).

“¿Será posible? ¿No nos encontraremos ante “otra” perspectiva animosa que más tarde se apaga o es hundida? Debemos apoyar, desde todos los países del mundo, el esfuerzo de aquellas personas que trabajan por una justicia de verdad... aunque sus sospechosos se encuentren en lo más alto del poder”.
Dieter Päch (Hamburgo. Alemania).





Libros recientes de Federico Revilla

“Fundamentos antropológicos de la simbología”. Ediciones Cátedra. Madrid, 2007.
“Diccionario de iconografía y simbología”. Séptima Edición. Ediciones Cátedra. Madrid, 2009.
“Momentos cumbre del cine mundial”. Parnass Ediciones. Barcelona, 2009.

Historial completo de Federico Revilla en su web personal: www.cultuamericas.org/fr


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