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El blog de Federico Revilla
Los indignados han aparecido en todas partes. Sería necio, además de inútil, que los españoles hiciéramos gala de nuestra prioridad en esta cuestión, por lo demás discutible. Todos los países desarrollados somos, precisamente, desarrollados en desigualdad social. Que la juventud se alce enérgicamente para protestar es lo más lógico y solamente una pizca esperanzador en medio de tanta vergüenza. Mientras tanto, conviene atender también a las voces más serenas y por ello más esclarecedoras. Carlos Jiménez Villarejo, prestigioso fiscal, ha recordado que contra los atropellos perpetrados en materia de sanidad – desde “arriba” los llaman hipócritamente “ajustes económicos” – pueden los perjudicados recurrir a los tribunales de justicia (recomiendo leer su artículo “El ataque a la salud, en los umbrales del delito”, en “El País”, 17 octubre 2011). Pero no solamente los perjudicados : también los fiscales pueden – y deben, añado yo – actuar de oficio en aquel sentido. El artículo es claro y muy comedido : puesto que evita incurrir en el orden de los sentimientos (no alude a los casos tremendos, pero frecuentes, de quienes necesitan ser intervenidos a vida o muerte y deben aguardar por haber quirófanos cerrados ; o los diagnósticos que se retrasan, cuando la curación o la salvación dependen de su precocidad ; etc.). Jiménez Villarejo se atiene a una sobria pero abrumadora exposición jurídica. Pero sus argumentos debieran ser aplicados inmediatamente, si de veras creemos vivir en un estado de derecho. Se argüirá : ¿y las cuentas? El dinero no llega para atender todas las necesidades. La economía nacional se hunde... Una verdad a medias. Otro artículo esclarecedor ha sido el titulado “Nombrar a la bicha”, que firman Roberto Velasco, Arsenio Tazón y Joaquín Leguina (“El País”, 18 octubre 2011). Con una claridad desarmante, los autores demuestran que no existiría la angustia económica que nos atenaza sencillamente si los impuestos de los archimillonarios se elevasen a la altura proporcional de sus ganancias. La realidad es la contraria : una vez y otra se hace cargar con la crisis a las clases más desfavorecidas. Naturalmente, es empujarlas a la miseria. Todo muy sencillo. Aunque hasta ahora ningún político haya tenido agallas para poner en práctica una lógica tan resolutiva : que contribuyan más quienes más poseen, y precisamente en la medida de su fortuna. Estos datos tan clarificadores conllevan una consecuencia más dura, ante la que han frenado los citados articulistas : estos políticos que, una y otra vez, nos zambullen en la desesperanza y/o la indignación se encuentran en trance de delinquir. Unos pasos más y no será un riesgo, sino un hecho. En algunos casos, puede haberlo sido ya. Desde nuestra abuela Roma, el Derecho urge a los hombres a “dar a cada cual lo suyo”. Sea político, sea empresario, sea intelectual (eventualidad menos verosímil), quienes no aplican el Derecho cuando debieran hacerlo o bien lo conculcan deben ser sometidos a las exigencias de la ley. El pueblo llano se siente demasiado harto de cargar con sus (eventuales) culpas. Cuyas consecuencias no son precisamente eventuales. Pero la audacia oficial – más bien cinismo – llega más lejos todavía. Léanse, por ejemplo, las declaraciones del responsable de la Sanidad en Cataluña, Boi Ruiz, que efectivamente culpabiliza de la situación a los pacientes, “ya sea debido a la genética o a sus hábitos personales” (”sic”). (“El País”, suplemento para Cataluña, 26 octubre 2011). ¿De veras son declaraciones de un médico? ¿Nos incumbe una responsabilidad por haber heredado tales o cuales dolencias o predisposiciones? ¿O más bien hemos de pensar mal – muy mal – de los conocimientos y la sensatez de quien así se manifiesta? Quizá declaraciones tan insensatas debieran también ser tenidas en cuenta por los Tribunales de Justicia. En cuanto al presidente de un gobierno que puso en manos tales algo tan delicado como la sanidad pública, ¿no merecería, por su parte, un juicio muy severo, por de pronto a cargo de quienes deben padecerle? Todo, menos callar y soportar. Una vez más, los jóvenes nos muestran lo único adecuado : indignarse. Pero procurando desdoblar en eficacia la justa indignación. Por ejemplo, no dejando solos a los juristas : trabajando serenamente - con ellos - para que sean cumplidas todas las leyes, comenzando por las que tutelan y defienden los derechos de los más desprotegidos.
noviembre 2011
“He leído los artículos que citas. Debieran ser ‘una biblia’ para todos. Hacerse el distraído es pura complicidad con los delincuentes”.
“No está mal un toque de sensatez, aunque resulte muy dura. Mucho más duro es lo que están pasando miles de familias arrojadas a la miseria”.
“El artículo es oportuno y claro. Pero debiera ser muchísimo más enérgico. Son demasiados nuestros semejantes que se han quedado sin trabajo, sin hogar y sin comida. Debemos luchar para que se les haga justicia. Otros quedan ‘en listas de espera’ de la Seguridad Social, aunque su padecimiento no admira espera. Morirán, seguro, antes que sean llamados”.
“Toda Europa padece los mismos males. Nuestra sociedad se hunde. Y nos vamos a hundir todos con ella”.
“No puedo quedarme tan tranquilo en medio de esta catástrofe general. Su serenidad me parece culpable. Sus buenas maneras me parecen un insulto a los más desprotegidos. ¡Es preciso reaccionar con más energía!”.
“Creo que las culpas no sólo están en España. También Alemania es muy culpable, con la política medrosa y errática de nuestra señora Merkel. Falta mano dura en las más altas autoridades. Ninguna disculpa, sino exigencia de dureza con los culpables, próximos o lejanos, de esta catástrofe mundial”.
“Digan lo que quieran, pero los pobres continuarán siendo más pobres que nunca. Y los que nos defendíamos mal o bien vamos a vernos también pobres mañana o pasado mañana”.
“¡También usted es blando! Bien se nota que encuentra cada día el plato sobre la mesa. Pero, ¿ha pensado en los que no tienen plato, ni mesa, ni techo siquiera? ¡Pues cada día son más y van camino de aumentar demasiado!”.
“Los políticos están ahí porque nosotros les hemos subido. Se dice ‘votado’. Tenemos la culpa de sus errores o sus delitos. Todos. La culpa es de todos... mientras continuemos eligiendo democráticamente a tipos indignos”.
"Si no lo leo en un periódico serio, no lo creo. ¿Puede decir semejantes tonterías una alta autoridad... encima, de quien depende la salud pública? Si es médico, ¿no sabe ese señor que la transmisión hereditaria no es culposa? Se sufre, y basta. ¿O no será, más bien, que toma por ignorantes y por estúpidos a todos sus gobernados? No sé qué es peor... para la opinión que tengamos sobre él. ¡Y pensar que gente así DECIDE sobre nuestro bienestar y nuestra vida!".
"¿Estás seguro de que ese señor Boi es un médico? No me cabe en la cabeza que un médico diga esas barbaridades. ¿Ha podido algún catedrático enseñar que los pacientes de ciertas enfermedades sean culpables de haberlas heredado? No solamente se trata de errores gravísimos, sino lanzados para justificar una reducción de la asistencia a quienes la necesitan. Sea como sea, ¿qué me dicen del presidente de un gobierno que ha colocado 'ahí' a un tipo capaz de decir esas cosas?".
Historial completo de Federico Revilla en su web personal:
www.cultuamericas.org/fr
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