Se queja el Ayuntamiento de Barcelona de la escasa afluencia de visitantes al Museo Clará. Dicen que 1991 fue el último año de que se
tienen datos concretos : a lo largo de aquellos doce meses sólo 1560 personas cruzaron la puerta del museo en cuestión.
Este dato, publicado en la prensa, es bastante penoso. Seguramente, se piensa que justifique ciertas decisiones, que se están "incubando",
más penosas todavía. Cierto, que el Museo Clará es, por definición, minoritario. Pero no menos cierto es que el Ayuntamiento no ha hecho
nada para darlo a conocer : ni siquiera figura en la Guía del Servicio de Información Telefónica por Audiotex, en la correspondiente lista
de museos. Si para la información municipal el Museo Clará "no existe", ¿cómo asombrarse de que no exista, de hecho, para los ciudadanos,
sus eventuales visitantes?
Pero hay más. Aunque oficialmente no se ha dicho, el Museo Clará, en la práctica, permanece cerrado. De este modo, no ya un millar y medio,
sino cero visitantes, son los que habría que contabilizar el presente año.
Lo he comprobado. Aunque en el servicio también municipal del 010 me indicaron con normalidad el horario del museo – todas las mañanas,
excepto lunes –, acudí a mediodía de un domingo... y el museo estaba cerrado a cal y canto, con visibles huellas de abandono e
incuria.
Se trata de la casa unifamiliar donde vivió el escultor Josep Clará, enmarcada por un pequeño pero recatado jardín romántico, al que le
restó considerable espacio la edificación del taller donde trabajó durante muchos años, hasta el fin de sus días. Es, pues, el típico
museo monográfico, cuyo aliciente no sólo son las obras del artista – de las que no distrae la multiplicidad propia de los museos
generales –, sino especialmente "el ambiente" donde vivió, los objetos que formaban su entorno, el gusto de la decoración elegida, etc.
Además, para los especialistas, se conservan en su lugar de origen todos los documentos y recuerdos que fue allegando a lo largo de su
vida.
Clará fue un escultor "noucentista", por tanto realista convencido, un neoclásico al cabo, bien pertrechado por una técnica depurada,
aunque limitado en su repertorio : esculpía, sobre todo, sólidas matronas de poderosas caderas y piernas un tanto recias. Quizá, la mujer
catalana típica, a quien él observó con detención morosa a través de sus modelos, pocas, pero muy representativas. No nos hallamos ante un
"primerísimo", sino un excelente artista, hijo de su tiempo, que quizá no deslumbre nunca, pero merece un enorme respeto y desde luego
interés. Su museo era encantador, porque, como siempre sucede en estos casos, conservaba nítida su huella personal. Durante bastantes años
después de su muerte continuó viviendo allí su hermana – Clará era soltero – y finalmente todo quedó tal como ella lo había custodiado, con
el cariño imaginable.
Hoy la piedra de uno de los balcones se cae a pedazos ; la fachada se agrieta ; y crecen en la breve escalera las malas hierbas que
apresurarán el deterioro. En cambio – por lo que he podido apreciar desde la calle – el jardín está cuidado.
El ayuntamiento, que no desea gastar dinero en este museo, sino más bien obtenerlo a su costa, ha anunciado ya oficiosamente un plan para
distribuir las esculturas de Clará entre dos (?) museos de los "grandes"... y vender la finca, que, ubicada en uno de los barrios
residenciales de la ciudad, puede seguramente deparar un ingreso substancioso.
Ahora bien, ésto no solamente es un atropello cultural, porque el museo era – ¿es? – delicioso, sino una ilegalidad flagrante. Josep
Clará legó a la ciudad de Barcelona su vivienda, su taller y su colección con el encargo expreso de constituir el museo tal como lo hemos
conocido : no para que, al cabo de los años, un consistorio irresponsable lo deshiciera a su antojo, invocando la escasez de público.
Porque no se puede invocar razón alguna para un atropello semejante.
Con las últimas voluntades no se juega : si el Ayuntamiento de Barcelona aceptó la donación, en su día, fue con aquella condición expresa,
de la cual no puede posteriormente desentenderse. La obra de Clará debe permanecer reunida – nada de dispersión – y precisamente en la casa
que él había habitado.
Lo contrario sería – temo que será – una traición a su voluntad y un incumplimiento por el que alguien tendría que exigir severa
cuenta.
junio 1994
Diversas obras de Clará. En cabecera del texto : "Maternidad", situada en el jardín de la que hubo sido su casa-museo. Fotos al pie : "Joventut", "Diosa" y "Nostalgia".
CONCLUSIÓN Y RESULTADOS
“Consummatum est!”. El Ayuntamiento de Barcelona, finalmente, cerró el Museo Clará, sólo algunos meses después de escrito el artículo
anterior : en 1995. Hubo alguna manifestación callejera de protesta : por supuesto, minoritaria (“El País” calculó unas 150 personas).
Se publicaron varios artículos protestando por aquella medida, antes y después de su ejecución ; algunas notas oficiosas indicaron que
las obras del escultor pasarían al Museo Nacional de Arte de Catalunya y al Museo de Olot : es decir, se desmembraba la colección. Nada
sobre el resto del contenido de la casa : croquis y estudios del artista, obras regaladas por colegas y amigos, muebles, objetos, libros,
archivos... ¡Y sobre todo, por ello mismo, se arrasaba el recuerdo y la impronta personal de Clará, tan presentes en el que había sido su
ambiente personal! : pérdida absolutamente irreparable.
La consecuencia es clara, aunque demoledora : no vale la pena donar nada a los entes públicos, con el buen deseo de que sea disfrutado por
los ciudadanos, “el pueblo”, en suma, “todos”... Si la actuación del Ayuntamiento de Barcelona en este desgraciado caso contiene alguna
consecuencia es disuasoria en cuanto a legar nada a los entes públicos : esta experiencia mostró que harán con ello lo que les dé la gana
a unos ejecutivos de turno, aunque sea contrariando el deseo legalmente expresado por el testador.
Penoso. Anticívico. Antidemocrático.
PARTICIPACIÓN Y OPINIONES
PARTICIPACIÓN Y OPINIONES
“Aunque Clará no es de mi tiempo ni me gustan las obras
que reproduces, me parece un abuso lo que se hizo con él. Era un artista y
merecía respeto. Si pasamos de atropellos como ese, no podremos protestar contra
otros que nos pillen más de lleno. Me sumo a la indignación de Federico
Revilla”.
Elisa T. L. (Jaén).
“No, no y no. Los organismos
públicos son para el ciudadano. No contra el ciudadano. Ni contra la cultura”.
E. R. (Zaragoza).
“Debió haberse armado un escándalo
fenomenaL. Que sólo protestasen tan poquitos me parece una vergüenza. Yo no podía
entonces armar jaleo, pero lo hubiera armado. ¡Vaya si lo hubiera armado!”.
Laia Puig (Mataró. Barcelona).
“No entiendo mucho el problema,
porque me parece increíble que nadie pueda contrariar así un legado legítimamente
establecido y aceptado como tal. Si me permiten una opinión desde tan lejos,
aunque compartiendo la indignación de las personas cultas, temo que haya
faltado energía por parte de la opinión pública, las instituciones de cultura y
todos los ciudadanos sensibles, organizados para impedir lo que a mi (ustedes
perdonen) me parece un despojo intolerable”.
Toshido Utubesi (Osaka, Japón).
Libros recientes de Federico Revilla
“Fundamentos antropológicos de la simbología”. Ediciones Cátedra. Madrid, 2007.
“Diccionario de iconografía y simbología”. Sexta Edición. Ediciones Cátedra. Madrid, 2009.
“Momentos cumbre del cine mundial”. Parnass Ediciones. Barcelona, 2009.