El "blog" de Federico Revilla


EROS AMIGO

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Los más jóvenes se asombrarían no sólo de la cantidad de palabrería malgastada durante las generaciones anteriores simplemente para tronar contra el sexo, sino que se reirían mucho a costa de las exageraciones, tremendismos y absurdos que se amontonaban por aquel motivo... desde luego con una convicción inatacable. Ésta, precisamente, debía resultar lo más cómico.

Fue inútil siempre maldecir o amenazar. Se afirma que los tópicos son tozudos. Estos han sido particularmente tozudos : prueba de ello, que no se extinguió la humanidad. Quizá se percibiera también desde muy antiguo que un primer paso hacia la extinción es el tedio.

Pero aparecen excepciones curiosas a través de la historia. En algunos templos románicos, tan propicios a la oración y el recogimiento, descubrimos capiteles o preferentemente canecillos – eso sí, por lo general poco visibles – representando escenas sobre el asuntito. Más adelante, cierto clero se atrevió a más y colocó relieves descarados en algunas sillerías de coro. Hay casos de audacia radical : un gran pene erecto, bien tallado en madera, se alza retador en uno de los brazos del sitial de un canónigo (se supone que sería sobado por ungidas manos clericales durante varios siglos). No es único, sino sobresaliente. Hay otros ejemplares más o menos indiscretos.

El siglo burgués fue harto gazmoño. Pero los mismos potentados que no se perdían la misa dominical, acompañados por su casta esposa – espejo de aburridísima fidelidad, pues no era época alegre ni divertida –, lucían en otros lugares y ambientes a sus espléndidas concubinas enjoyadas, hinchadas de orgullo gracias a su vistoso “status” social. Los confesores solían ser tan comprensivos en privado como tonantes desde el púlpito.

Vanidad e hipocresía. Los abuelos de la generación actual sobrellevaron como pudieron tanta doblez. Sólo faltaba el cuarentenio del general invicto para machacar a las masas con el mismo tema. Pero de “eso” salieron todos. Había padecido el país campañas mucho peores.

A pesar del general, el decenio de 1960 marcó el comienzo del gran giro. Los pueblos se saltaron por fin a la torera los viejos tabúes sexuales. Y hénos hoy en medio de un ambiente de total permisividad : se practica el sexo en las calles, en las plazas y en los jardines, incluso en los retretes (nada poético, por cierto), en el despacho del jefe, aunque sea jefe supremo (ay, error de míster Clinton), en el fondo del almacén mientras el encargado está distraído... Una sección juvenil de un periódico de primer orden recogía experiencias extremas : por ejemplo, en el ascensor, en los peldaños de una escalera (problema de equilibrio)...

Los jóvenes creen saberlo todo. Es una presunción : nadie “sabe todo” en ningún orden. En cuanto al sexo, es tan rico, tan vario, tan abierto a la creatividad... que ese coito apresurado a que muchos lo reducen no es más que una vulgaridad y como tal soporta sus pautas de rutina e incluso de tristeza.

No obstante, muchos han descubierto la libertad y el juego. Incluso incorporando tales conquistas, no basta la nuda sexualidad. Como dimensión del ser humano, ésta conlleva una apertura al desarrollo y el perfeccionamiento. Al cabo es – que nadie se lo tome a broma – también un ámbito de cultura.

Por eso posee tanto valor el erotismo : es decir, la perspectiva de refinamiento y de variedad para que gocen mejor las personas exquisitas.

Precisamente, gracias a la dimensión que aporta el erotismo surgen una serie de perfeccionamientos que llevarían a los seres humanos mucho más lejos de lo que, en principio, no hubiera sido más que mera adaptación de una necesidad propia de todas las especies vivientes.

El sexo a palo seco es solamente el suelo donde debe florecer algo de lo mejor del ser humano. Tierra, bendita tierra, pero nada más que tierra. Necesita ser sembrada, cultivada y protegida. En suma, hace falta algo más : un plus con el que no se suele contar. Por ejemplo, una formación de la afectividad. Casi nadie ha pensado en ello. Ni se enseña en las facultades de pedagogía, ni se inculca en las familias (sólo en algunas), ni se nombra, ni se añora, ni se desea... ¡ni se nombra!

En efecto, sólo muy pocos han abierto a los jóvenes esas otras perspectivas para su hombredad. En cuanto peculiar encuentro de dos seres humanos, el sexo suscita una generosa gama de posibilidades : enriquecimientos mutuos, novedades, sorpresas, delicias... Constituye un medio para hacerse y sentirse mejores, desarrollar su complementariedad, sobre todo congregar en su fiesta muchas de las restantes capacidades humanas : la delicadeza, la inteligencia, el humor, la generosidad, la confianza, la esperanza, la ilusión, la paz y el sosiego, la creatividad, la esperanza, la superación... Al cabo, una sugerencia de plenitud.

Alcanzamos una plenitud gracias a ese encuentro con el otro, que ya no es mero sexo, sino expansión de erotismo.

Es preciso estar pendiente del otro (o bien la otra). Porque en caso contrario, el sexo no sería más que manifestación de egoísmo. Otra entre tantas.

Para el erotismo no hay límites (o casi). Tan sólo nos limitaría el punto donde NO se lograra el bien o la felicidad del compañero sexual.

Porque en los remansos de reflexión – que también desempeñan su papel propio – esos son los objetivos que se pretenden. Por fortuna, se pueden perseguir, infatigablemente, durante toda una vida.

Juntos : qué delicia.

Que gocéis un feliz, logrado Eros, todos los amigos.

agosto 2010

Foto en cabecera : Laetitia Casta y Eric Elmosnino en una secuencia de “Gainsbourg (Vida de un héroe)”.


PARTICIPACIÓN Y OPINIONES

“Tu visión me parece maravillosa. Pero, ¿no idealizas un poco?”.
Luis B. (Monterrey, México).

“¡Muy bonito! Sólo falta que usted les incite a fornicar todavía más. ¿Dónde vamos a parar? ¿Al desmadre total? Luego, ya se sabe, que carguen con los nietos sus abuelos, como si no hubieran trabajado bastante toda su perra vida. Es usted un corruptor”.
(Un abuelo que todavía ve claro. Valencia).

“Voy a sacar copias de tu texto para que lo lean mis amigos. Creo que les va a chocar un poco. Ellos van sólo por el asunto, y todo lo demás les tiene sin cuidado. Una vez en la cama, no quieren más. Lo siento, pero todos los chicos que conozco son así”.
Lita N. N. (Málaga).

“Me gustaría mucho que tuvieras razón”.
María Saldaña (Buenos Aires).

“Creo que tendrías que desarollar más tu teoría. Eso de la educación para la afectividad me parece lleno de posibilidades. Puedes escribir un libro y seguro que tendría muchos lectores. No seas perezoso : con un solo artículo no has hecho más que darnos ganas de profundizar más en eso que generalmente se toma tan a la ligera”.
B. G. (Alicante).

“Una basura. De estas cosas no se habla, ni se escribe. Se hacen a solas y que cada cual se apañe como quiera”.
César Galindo Ramírez (Burdeos).

“He leído varias veces tu artículo. Me gustaría poderlo comentar con más gente. Creo que se le podrían añadir muchas cosas”.
Doris Walsh (Birmingham).


Libros recientes de Federico Revilla

“Fundamentos antropológicos de la simbología”. Ediciones Cátedra. Madrid, 2007.
“Diccionario de iconografía y simbología”. Sexta Edición. Ediciones Cátedra. Madrid, 2009.
“Momentos cumbre del cine mundial”. Parnass Ediciones. Barcelona, 2009.

Historial completo de Federico Revilla en su web personal: www.cultuamericas.org/fr


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