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El "blog" de Federico RevillaCuando se revisa la historia de finales del siglo XIX y comienzos del XX no deja de sorprender a algunos la cortedad, la estupidez y la ignorancia de numerosos hombres públicos que gozaron entonces de fama y respeto, llegando incluso a desempeñar cargos políticos. A menudo, aquellas deficiencias se acompañaban de rapacidad y maldad travestidas de una supuesta honorabilidad. El pueblo, que no podía hacer nada para resistir los frecuentes errores y desastres, así como la inoperancia incurable de las clases dirigentes, apenas tenía opinión formada sobre la personalidad de los figurones encaramados en lo alto del poder.
El ambiente ha cambiado radicalmente. Hoy los responsables de la “cosa pública” son visita cotidiana – inevitable – de los hogares, excepto aquellos pocos que apagan la radio o la televisión cuando se trate de política (cabe prever que éstos cada vez sean más...) Es decir, los ciudadanos pueden conocer a los políticos : les soportan a diario. Y es tan insistente su presencia, tan monótono su repertorio y tan escasa su inventiva que repiten casi siempre lo mismo : afirmaciones que no se molestan en demostrar (por tanto, axiomáticas) ; promesas inconcretas ; bromas y gracietas con ingenio bajo cero, pero también – lo que es mucho peor – desprecios, calumnias e insultos a los rivales. Un aburrimiento, pero también una vergüenza. ¿Esa gente pretende representarnos? Es preciso creer que una mayoría de españoles somos mucho más educados, sensatos y prudentes. Que damos preferencia a los hechos (constructivos) sobre la palabrería (engañosa). Por otra parte, ciertos grandes empresarios a quienes se imputan delitos multimillonarios (en plural) se pavonean ante las cámaras y pontifican con un aplomo que llega a ser insultante, en especial para los cientos o miles de trabajadores a quienes hayan dejado en la estacada. Uno de los comentaristas más sagaces de la prensa española, Josep Ramoneda, observaba hace poco : “...hemos sabido que el presidente del primer banco de España ha estado defraudando a Hacienda durante un montón de años” [...] Ningún dirigente político ha hecho comentario alguno ante una noticia que en las circunstancias actuales no debería pasar sin consecuencias. No he visto un solo editorial de periódico sobre el tema. ¿Por qué? Es fácil de deducir : porque la capacidad de intimidación de un banco de esta envergadura es infinita...”. De modo que en nuestra querida modernidad la tecnología pone al alcance de todos lo que antes era bruma y lejanía : la manifestación de la textura intelectual y moral de los que se ofrecen para gobernarnos (o nos gobiernan de hecho mediante el poder del dinero) se hace cotidiana y sobre todo muy clara. Es un valioso adelanto. Sin embargo, ese valioso adelanto, al parecer no sirve para nada. Porque igualmente se les tolera, primero, y finalmente se les vota, a pesar de todo. El avispado banquero aludido por Josep Ramoneda continúa impertérrito al frente de su colosal tinglado – auéntico “gobierno de facto” – lo mismo que sus colegas variablemente menos poderosos que él. Aunque también poderosos. Debe ser difícil dar con la causa de este aparente sin-sentido. Puesto que se repite continuamente, desde hace ya suficientes años, pudiera haber sido estudiado con la debida exigencia intelectual. ¿Por qué el voto libre de los ciudadanos – y no en un solo país – se condensa a favor de individuos que no merecen confianza? Quizá por lo mismo que todos, ¡todos!, depositamos nuestro dinerillo en las instituciones gerenciadas por defraudadores como aquél. ¿Pensamos acaso que no nos van a defraudar a nosotros, insignificantes microbios, cuando lo hacen impávidamente a la hacienda pública – que también, en cierto sentido, “somos todos” – ? Nadie discute que la democracia es una notable conquista de los tiempos modernos. Pero, deslumbrados por su excelencia teórica, los estados que se honran con ella han olvidado su fundamento imprescindible : la democracia no es nada si no se ha trabajado de firme sobre la cultura, el discernimiento, el desapasionamiento y la responsabilidad de los individuos y las masas que deben vertebrarla. Si no existe preocupación para que las nuevas generaciones crezcan en un ambiente de reflexión, cordura y autoexigencia, continuaremos gobernados por mediocres o por indeseables. Eso sí, democráticamente seleccionados. Otra “asignatura pendiente” para que se ocupen los chicos y chicas del 15-M. Adelante, compadritos : otro reto que os aguarda.
julio 2011 Ilustración al texto. Formidables edificios, poderío de la técnica, supremacía de las grandes empresas... Pero allá abajo, en el suelo donde circulamos, la gente lo pasa cada vez peor. ¿Podemos llamar "progreso" a una situación semejante? ¿O bien debemos reivindicar una existencia que con diferente justicia pueda, al cabo, ser llamada "humana"?
"Nosotros también habíamos pensado algo semejante. No queremos escaparnos de nuestra responsabilidad. Pero, ¿por dónde comenzar la limpieza?".
"La cosa está clara. Pero debe haber excepciones... Si se nos señalasen las excepciones, sería una ayuda para construir algo a partir de ellas".
"Hemos discutido su artículo más que lo acostumbrado. Echamos de menos un punto de partida. O dicho de otra manera, un agarradero para construir".
"Destructivo sin matices. Como siempre. Mala ayuda ofrece usted a los jóvenes. ¿Qué se ha propuesto? ¿Que se desesperen? Pues todos los problemas tienen su salida, aunque se empeñe usted en cerrarlas".
"Como la clase política está 'tocada', después de perder treinta años, no se me ocurre más salida que prescindir de ella. Pasó ya su tiempo. Hemos de buscar líderes en otros caladeros : en la universidad, en las O.N.G., en el asociacionismo juvenil... A ver si hay más suerte".
Historial completo de Federico Revilla en su web personal:
www.cultuamericas.org/fr
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