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El "blog" de Federico Revilla
Tragedia en Haití. Que ya era, desde siempre, uno de los países más desgraciados y más míseros en los aspectos materiales. Aunque – quizá no sea casualidad – nos dicen sus conocedores que habitado por una población bondadosa, alegre y entrañable. Pero el terremoto de Haití, que es la actualidad, obliga a recordar que la historia de ese país ha sufrido, sin apenas excepción, una sucesión de dictadores y tiranos, que han esquilmado los escasos recursos nacionales y han atormentado sistemáticamente al pueblo. Es una historia de calamidades, entre las cuales se duda cuales fueron peores : si las causadas por los elementos de la naturaleza o por los gobernantes más despreciables. Sea como fuere, estos sucesos estremecedores tienen, entre tanto horror, un aspecto positivo : galvanizan a los demás seres humanos. Se entiende : a los seres humanos dotados de algunos sentimientos. Y muestran que éstos son más de los que habitualmente se supone. Se hace difícil inhibirse de los sufrimientos que la televisión nos muestra a domicilio : gentes hambrientas y aterrorizadas a quienes vemos los demás, sentados a la mesa, mientras comemos o cenamos sin que nada nos falte. El juego y la alegría de los niños de “aquí”, cuando aquellos otros se han quedado sin familia... o han perdido una pierna, un brazo... o sencillamente han perdido la vida y son sacados de los escombros, pequeños muñecos inertes, en brazos de los vivos. La gente de bien siente que “todos somos haitianos”. Su catástrofe pudo ser la nuestra. No es posible desentenderse de lo que sucede a quienes son, al cabo, hombres y mujeres como nosotros, aunque solamente estén alejados en la distancia. Primeros, primerísimos en humanidad y sensibilidad, los voluntarios que han acudido allá a colaborar en la inmensidad de las tareas urgentes. Gentes, naturalmente jóvenes en su mayoría, que lo han dejado todo para ir en ayuda de aquellos hermanos, sin reparar en sacrificios ni peligros. Muchos y de todas clases. Y entre los que se quedan en su ambiente... la ayuda remota mediante alguna aportación dineraria. En Haití “hace falta todo”. Muchos ingresan alguna cantidad – cuantiosa o menuda, poco importa – en cualquiera de las ONG que están en primera línea : seguro que harán buen uso de ella. Subrayemos : las ONG que trabajan sobre el terreno. Para otros mediadores... “quizá” fuera prudente no fiarse lo mismo. Ante la adversidad, sólo queda la compensación de que, en cierto modo, “la humanidad resurge”. Qué indecible paradoja. La gente se siente de pronto, solidaria y generosa. Menos mal : todos haitianos. enero 2010 No he querido ilustrar este artículo con las habituales fotos de los horrores : niños maltrechos, grupos desesperados, ruinas sembradas de cadáveres... Sino con la reproducción de unas pinturas de sendos pintores haitianos : que dejen testimonio de un pueblo que puede y debe recuperarse, con la ayuda de todos, y ofrecer su cultura al ancho mundo, como ahora el ancho mundo se fija en él y se apena por su causa.
Pinturas en cabecera y al pie del artículo, respectivamente : obras como "Marché", de Jean Dubic (1994), o "Vendeuses", de Jean-Bruno Louisious (1994). Estos artistas, como otros no menos vivaces, habían trabajado siempre para ofrecer una imagen prometedora y alegre de su patria.
“Soy un licenciado en paro. Sólo he podido separar 50 euros de mis pequeños gastos personales. Ojalá pudiera enviar más para los haitianos, pero no puedo”.
“Se han quedado sin nada. Es justo que quienes tenemos “algo”, aunque en plena crisis, les ayudemos como podamos”.
“Buena idea, esa de ahorrarnos más fotografías estremecedoras. Las hemos visto en la tele y en todas partes. Es mucho mejor, como has hecho tú, seleccionar algo de la cultura actual de aquel país, que aunque tan mísero y tan abandonado también tiene gente que sobresale. Ojalá superen esta terrible calamidad”.
“Bueno, aquél debió ser otro Haití. Pero ahora no debe quedar nada de tanta alegría como se ve en los cuadros”.
“¡Menos mal! Hemos quedado todos tan machacados por las fotos de los pobres haitianos después del terremoto, que nos hace bien mirar ahora esas pinturas de artistas del país donde tantos colores dan alegría y esperanza. No hace falta que los lectores queden hechos unos zorros para que piensen en ayudar a aquella gente tan vapuleada por el destino”.
“No soy compasivo. No quiero que me vengan con historias de pena. Pero soy un joven sensible y me revuelve las tripas que puedan suceder catástrofes tan arrasadoras”.
“¿Por qué los grandes desastres caen siempre sobre los más pobres? Creo recordar que Neruda se quejaba de eso en alguno de sus poemas”.
Historial completo de Federico Revilla en su web personal:
www.cultuamericas.org/fr
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