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El "blog" de Federico RevillaBasta de Pinochet. No va más : puesto que no habrá otros crímenes ni delitos, poco sentido tiene que se continúe insistiendo sobre los que fueron. Ahora ello solamente corresponde a la Historia. Que no es poco. Se le ha dedicado un funeral. Nada que objetar : la Iglesia católica debe rogar a Dios para los difuntos el perdón de sus culpas, sean muchas o pocas, grandes o pequeñas. Todos llegaremos al trance final con nuestra correspondiente carga de ellas. No le incumbe, en cuanto actúa “de tejas abajo”, valorar la magnitud ni la cuantía de las culpas de ningún difunto en particular. Sin embargo, aquel personaje tan politizado – dicho sea en términos benévolos – ha inducido “post mortem” a una situación, más que penosa, inadmisible. Revestido de sus ornamentos pontificales, el obispo castrense de Chile se ha permitido unas palabras de justificación del golpe de estado que le encumbró. Lo cual equivale a aceptar las matanzas, torturas, persecuciones y tragedias que se siguieron de aquel suceso. Cabe opinar, pues, sobre un obispo vivo, ya que no hay nada más que añadir sobre un criminal muerto. Gravísima, la actitud de aquel obispo, que no sólo debe saber, sino encarnar en todos sus actos, el espíritu de Jesús de Nazareth, espíritu de paz, armonía, fraternidad y amor. Por supuesto, un obispo castrense no representa, ni oficial ni pastoralmente, a la Iglesia universal – tampoco ningún otro obispo por sí solo –. Pero constituye una “imagen visible” de ésta, en el caso presente muy realzada, en cuanto percibida como tal en el mundo entero, a través de radio y televisión. El choque ha debido ser brutal contra la opinión, a su vez mundialmente unánime, acerca de lo que significó el golpe de estado de Pinochet, el régimen que originó y las calamidades que hubo de padecer por su causa el pueblo chileno. ¿Cómo ha podido atreverse el obispo Juan Barros – tal es el nombre que transmiten las agencias – a semejante atropello contra la fe que debe predicar? ¿Acaso ignora el repudio de su Maestro, Jesús, a toda violencia? (de suyo, inadmisible siempre). Esta intervención anticristiana, en labios de un obispo y durante un acto litúrgico (solemnidad añadida), no es sino una nueva carga de dinamita para la liquidación del prestigio de la Iglesia católica en cuanto institución humana. Mientras la inmensa mayoría de las demás instituciones (aconfesionales o laicas o incluso antirreligiosas) concuerdan en su condena de los asesinatos, las torturas y los malos tratos, él se permite darlos – si acaso no por “buenos” – al menos por comprensibles en determinadas circunstancias. Antievangelio flagrante. ¿Cabe remedio a semejante desaguisado? Sólo habría uno acorde con la gravedad del mismo : que el romano pontífice interviniese, breve y claramente, para desautorizar tamaño error, así como a su autor, dejando bien claro que la Iglesia nunca, nunca, puede convalidar unos actos tan siniestros. Serias reservas respecto a que Benedicto XVI – intelectual más bien lentito de reflejos – se atreva a esa reacción que le compete en su elevado puesto. Única reacción admisible : porque no cabe otra. Y el silencio quién sabe si es peor... diciembre 2006
“¡Todavía! Todo este asunto apesta a podredumbre. Tuvimos la suerte de que se acabase por fin y dicen que Chile ha disfrutado de una señora presidente seria, honrada y además inteligente. Pero, sobre todo, limpia de comprensibles rencores, pues ella sufrió en su misma familia el horror de la persecución. Ha gobernado su país como si nada le hubiese dañado durante aquella época. Me alegro por los chilenos, pero también por los demás, que podemos olvidar demasiadas cosas desagradables ocurridas tiempo atrás”.
“La institución llamada Iglesia católica está cargada de errores. Lo peor es que hay algunos más estruendosos, como éste. Pero errores al cabo. Haces bien en referirte a una liquidación : no podrá seguir mucho tiempo acumulando tantos y tan gordos”.
“Lo mismo de siempre. Que si los hombres fallan... que si las estructuras... que si las confusiones... Una lata. Que nos dejen en paz de tanta calamidad. Los cristianos tienen un evangelio muy claro : no hay más que atenerse a él y dejar a un lado consideraciones humanas, que muchas veces son escapistas, cobardes y escandalosas”.
"¿Cómo ha llegado a obispo un señor que no sabe lo que tiene que decir? ¿Que remueve viejas heridas de su propio pueblo, con riesgo de dividirlo otra vez? ¿Y para qué? ¿Para gloria póstuma de alguien que ha sido execrado en todo el mundo? ¿Para satisfacción de los milicos? ¿No se ha enterado de que, por fin, todo pasó? No entiendo nada y ojalá que no tenga que entenderlo nunca".
"Hay gente que no se entera de que el tiempo pasa y los hombres superan los peores momentos. Ahí tenemos a un obispo, nada menos, que parece dispuesto a volver la historia hacia atrás. Una pena".
"Mi profesor de historia no me lo ha sabido explicar. ¿Pasó o no pasó todo aquello?"
“En este país no nos agrada recordar aquellos años de pánico, tristeza y disimulo. Que no nos los revivan. Paz a los muertos. Pero, ¿puede ser la misma paz la de quienes fueron torturados y asesinados y la de quienes ordenaron aquella persecución?”.
Historial completo de Federico Revilla en su web personal:
www.cultuamericas.org/fr
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