|
El blog de Federico Revilla
Se ha excedido usted, señor Jan Fabre. El arte moderno, desde comienzos del siglo XX, se ha caracterizado por una serie de negaciones, rupturas y audacias. Los jóvenes revolucionarios de aquel tiempo cosecharon toda clase de anatemas y protestas, a menudo debidos a un cerril pasadismo. Pero poco a poco se hicieron aceptar y finalmente han sido integrados entre lo más respetable : Picasso del bracete con Velázquez. ¿Por qué no? Por supuesto, en el arte rupturista hubo y hay de todo : creadores extraordinarios (Brancusi, Arp, Duchamp, Magritte, Matisse, Klee y muchos más) ; epígonos respetables ; y también – ¡como en todos los tiempos! – imitadores sin genio. O atrevidos sin mesura. Entre estos creadores rupturistas abundan quienes reivindican que en nombre del arte es aceptable TODO. Convicción que puede aceptarse, pero con ciertas cautelas. Está muy claro que ese “todo” rige para quien inicia su aventura estética partiendo de cero : es decir, renunciando a la tradición anterior en bloque. Semejante actitud es discutible, pero merece respeto y éste conduce a una atención más o menos impregnada de interés o de simpatía. En cambio, se hace muy sospechoso quien para crear su propio arte en absoluta libertad previamente se dedica a la destrucción de algo respetado anteriormente. ¿Qué daño le han hecho las grandes obras del pasado? Prescinda de ellas, si se le antoja, pero no las vulnere con las suyas, que muchos contemporáneos continuamos admirando. La libertad para crear debe ser correlativa a la libertad de los demás que conservan un gusto tradicional. Jan Fabre ha carecido de esa mínima delicadeza. Puede crear él todo lo que se le antoje, y probablemente hallará público que le aplauda. Pero lo que no parece admisible es que destroce la belleza de una obra indiscutida... para ofrecer así un espanto repelente. Porque lo que ha hecho Jan Fabre es suplantar la bellísima cabeza de la “Piedad” de Miguel Angel por una hórrida calavera. ¿Puede eso llamarse arte? No aporta nada, sino en todo caso provocación. Y sólo con provocación nunca se alcanzó el placer estético. Peor todavía : indignación. Tampoco ésta es constructiva, sino el subproducto de la novedad. Por otra parte, la “Piedad” de Miguel Angel no es sólo una obra de arte excelsa. Sino objeto de la devoción religiosa de muchos de sus contempladores : en este sentido, excede los valores propios del arte. Inspira sentimientos espirituales, ayuda a mejorar los valores humanos. Suplantar el rostro dolorido de María, que inspira ternura y compasión, por una calavera horrenda, que repugna, no es “reinterpretar” una obra de arte, sino destrozarla.
Bien hayan todas las búsquedas de Fabre y sus compañeros de aventuras. Probablemente surjan entre ellos figuras de un arte nuevo. Mas para ello no necesitan en absoluto ensañarse en las obras más excelsas de un pasado que todavía admiran muchos otros de nuestros contemporáneos.
octubre 2011
“Lo que se nos describe es un atentado contra la sensibilidad. Yo me pregunto si alguien que comete un atentado así puede esperar que le consideren artista”.
“Ha hecho muy bien ahorrándonos la reproducción de ese disparate que describe. No puedo ni quiero imaginarme la ‘Pietà’ con una calavera sobre los hombros”.
“¿No será que los críticos han tolerado a demasiados desequilibrados entre las filas de los verdaderos artistas?”.
“Bueno, ¿y por qué ese señor Fabre no puede hacer lo que se le antoje? Él no nos obliga a que nos guste”.
“Creo que lo fundamental sería ponerse de acuerdo sobre lo que es arte y lo que no lo es”.
“La crítica de ideales y valores "clásicos" no debe surgir con una ruptura y un menosprecio a estos, sino más bien debe partir de la comprensión y su correcta contextualización de los valores, tanto en su nacimiento como en la evolución histórica que ha tenido para la sociedad”.
Historial completo de Federico Revilla en su web personal:
www.cultuamericas.org/fr
|