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El "blog" de Federico Revilla
Curioso país : mientras los demás dedican entusiasmo, esfuerzos e inversiones para propagar sus glorias, éste lo hace para magnificar sus miserias. Y puestos a rebuscar entre ellas, probablemente una de las “perlas” sea la familia de los Borja en las postrimerías de la Edad Media. Más tarde, la misma estirpe dio un santo (San Francisco de Borja), un emblemista notable (Juan de Borja) y numerosos caballeros y damas dignísimos. Pero en el momento de su mayor influencia internacional, primero con el papa Calixto III y seguidamente y muy en especial con Alejandro VI, es difícil imaginar mayor amontamiento de vilezas. No solamente desenfrenos sexuales – que entonces no escandalizaban demasiado –, sino, sobre todo, codicia desenfrenada, politiqueo desvergonzado, traiciones y asesinatos. Los Borja constituyeron una familia de indeseables que llegó a asquear a los mismos italianos – les odiaron cordialmente –, tan habituados sin embargo a las irregularidades. El empeño de la familia por italianizarse convirtió su apellido en Borgia, mas he aquí que su buena madre repudiada (España) se empeña en devolverles a su regazo, llamándoles de nuevo Borja, como siempre habían sido. En fin, aquella familia de indeseables ha sido presentada a los grandes públicos de todo el mundo mediante la producción de una de las películas más ambiciosas, costosas, brillantes y, a pesar de ello, logradas que registra la historia del cine español. En cabeza, Lluis Homar, un actor en la cima de su experiencia, encarna al pontífice Alejandro VI – y vertebra toda la producción – con seguridad y acierto tales que llegan a hacer aceptable, ya que no amable, a tan siniestro personaje. Pocos recordamos que, en su juventud, Lluis Homar había interpretado el papel de “Quimet”, el chisgarabís primer marido de “Colometa”, en “La plaza del diamante”. Cuán largo recorrido desde aquel pisito del barrio barcelonés de Gracia al solio pontificio en el Vaticano ostentoso de finales del siglo XV. Pero, sobre todo, cuán larga la experiencia, la seguridad y la sensibilidad de ese gran actor cuya maduración hemos tenido la fortuna de seguir paso a paso. En efecto, una película para “exportar”. En su guión y sin violentar la historia se suceden los recursos más seguros para su éxito actual : espectacularidad, batallas, fiestas, violencia a chorros (una lengua arrojada al suelo recién cortadita al enemigo aborrecido), sexo (con la impagable presencia del romano pontífice), intriga, música... Acaso peque un poquito por exceso de duración : algunos hubiéramos agradecido que se nos aligerase en veinte o treinta minutos. No importa : se trata de una gran película. Ahora todo el mundo podrá saber más – que saberlo todo es imposible – sobre aquellos españoles que llenaron una época de la historia de occidente : aportando un buen lote de razones al clima de rechazo hacia el papado, que conduciría muy poco más tarde a la gran crisis luterana. Los Borja quedan instalados en la historia del cine. Y definitivamente sentenciados en la conciencia de las gentes normalillas. Sí, señores, España fue grande en su pasado. Pero podría echarse mano de otros personajes para alardear de ello ante el mundo actual. Yo no me siento nada orgulloso. noviembre 2006
Fotografía en cabecera : Lluis Homar y María Valverde en una secuencia de "Los Borja".
“A mi la película me entretuvo. Me sorprendió un poco ver a un papa en medio de un banquete con chicas en porretas, pero se ve que aquel señor era un tipo muy avanzado. Hubiera podido opinar mejor si las cámaras hubiesen hecho tomas más cercanas”.
“Es verdad que ese papa no pinta como una gloria nacional, ni una gloria de nada. Por lo visto fue un tipo de mucho cuidado. Pero la historia es la historia, ¿o no?”.
“¿Se lo toma usted tan tranquilamente porque es un historiador, porque la gusta mucho el cine o porque es un fresco?”.
“No, claro que no. El Papa Borgia fue un fulano demasiado listo y además carente de escrúpulos. No es una gloria nacional. Pero no veo que en la película se le presente como si lo fuera. Si alguien quiere admirarle, allá él. Las películas son para entretener, no para echarnos sermoncitos”.
Historial completo de Federico Revilla en su web personal:
www.cultuamericas.org/fr
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