El "blog" de Federico Revilla


SÓLO FALTABA PEDOFILIA

Los vientos adversos sobre la institución llamada Iglesia Católica – que debe ser escrupulosamente distinguida respecto del Pueblo de Dios puesto en movimiento por Jesús de Nazareth – se han convertido en ciclón arrasador por el feo asunto de la pedofilia, que llena los medios de comunicación de medio mundo.

No es nuevo, por desgracia, ni exclusivo de ningún grupo, estamento ni asociación. Es una de las muchas lacras que humillan a la humanidad. Simplemente. Pero lo peor es que haya hecho mella, también, en un colectivo universal que debe caracterizarse por la bondad, la limpieza y la transparencia. Y muy particularmente por su delicadeza hacia los niños.

Es perder el tiempo señalar una vez más que los hechos sean vergonzosos : el ser humano es muy flojo y no sorprende la caída en ésta ni en otras flaquezas. Lo más lamentable es la desastrosa reacción de quienes detentan el poder en la Iglesia Católica : tapando, disimulando, cuando no negando, durante mucho tiempo. Hasta ayer mismo. Pugilato de declaraciones vacuas. Entre ellas, las que en su día formuló el cardenal Cañizares harían reir, si no fuese el asunto tan grave. Es incomprensible que haya llegado a un puesto tan destacado un tipo menos que mediocre como ese cardenal, que ante lo más crudo de la tormenta sólo ha sabido restarle importancia, colocando por delante unos tópicos gastados que nadie se puede tomar en serio. Como historiador, me sonroja que ese bobo sea miembro de la Real Academia de la Historia. Por favor, no juzguen a los demás según modelo semejante.

Lo único pasablemente concreto se ha publicado a mediados de mes, pero no impresiona a nadie. “La gran novedad es que el texto afirma, por vez primera negro sobre blanco y contra la costumbre habitual, que las diócesis deben denunciar siempre a los pederastas ante la justicia civil”, observa Miguel Mora en “El País”.

El romano pontífice, al fin, se ha manifestado. Tarde, parcial e insuficientemente. Es difícil que convenza a muchos cuando inaugura, con demasiada prudencia, una actitud a la que se hubo negado durante decenios (porque el conocimiento sobre la extensión de aquella lacra viene ya de lejos).

Porque lo cierto es que desde hace mucho tiempo ha existido en la Iglesia la norma de ignorar o transigir con los casos de pedofilia que se iban produciendo. Y que el mismo cardenal Ratzinger, que es el actual pontífice, desde su poderoso puesto en la Congregación romana correspondiente y con persistencia inclaudicable mantuvo la norma de “cubrir” los que se acumularon por millares.

Posteriormente, ya como papa Benedicto XVI, no cambió de sistema : manteniéndose ajeno al asunto. Hasta hace pocos días, no intervino, ni opinó, ni actuó. Aguantaba el chaparrón, como si la opinión pública mundial – unánime – fuese un accidente transitorio : una manifestación entre otras de malquerencia a la religión. Él suele manifestarse para lamentar éstas. Sería patética la duradera pasividad de ese anciano, superado por los acontecimientos, incapaz de liderar una reacción aceptable, si con su inhibición no hubiese contribuído todavía más al descrédito y a la vergüenza del inmenso colectivo que le reconoce como jefe.

Es difícil evitar la sospecha de que sólo una presión mundial sin precedentes le haya forzado a algo que él había evitado durante largos años.

Sin embargo, sobre Benedicto XVI pesa la máxima responsabilidad de hacer efectivos los consejos y las advertencias de Jesús : sin exceptuar, ¡por supuesto!, las que fueron probablemente las palabras más terribles pronunciadas por él (que, por cierto, nunca las prodigó) : “...y al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos [...] más le valiera que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno y le arrojasen al fondo del mar” (Mat. 18, 6). Tremenda sentencia. Pues bien, en ella han incurrido quienes han violado, manoseado y envilecido a miles de niños y niñas. Muchos de éstos padecieron y padecen lacras psíquicas durante toda su vida por alguna experiencia miserable.

No pretendo ensañarme con ese ancianito de salud quebradiza, que hubo sido un teólogo eminente. Pero su pasividad ha conducido a su institución al despeñadero (después de los no pocos errores y deficiencias de su antecesor, Juan Pablo II). Lo más humano y lo más práctico – pues comprobamos su incapacidad – sería que Benedicto XVI renunciase al sumo pontificado. Puede hacerlo. Nada ni nadie se lo impide. Aunque en la historia de la Iglesia sólo se recuerda un caso, no hay obstáculo de ninguna clase para que se produzca el segundo. En fin la “Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII” se lo ha pedido expresamente, si bien en términos muy comedidos.

Yo no tengo razones para ser comedido. En esta sazón, el papa actual es un estorbo, si acaso no un escándalo. También había dado motivos para serlo su antecesor, pero lo acallaba todo con los “baños de muchedumbres” que tanto le agradaban – y que han sido sido técnica propia de dictaduras –, de modo que la opinión pública no llegó a percibir tan crudamente la involución que pacientemente llevó a cabo (por no hablar sobre las delicadezas hacia Pinochet, su amparo al mafioso monseñor Marcinkus y muchas otras graves tildes sobre su biografía).

Vaya en buena hora Benedicto XVI a prepararse para una santa muerte en algún monasterio silencioso y acogedor, dejando a otro la responsabilidad de limpiar de una vez a la Iglesia – y costará muy caro – de lacras tan repelentes como las que ahora se ventilan. Pero también de las que repelen acaso menos, aunque dañan no menos seriamente al Pueblo de Dios.

Lo malo es que... entre sus eventuales sucesores no se perfila ninguno que tenga las agallas para hacerlo.

febrero 2010


PARTICIPACIÓN Y OPINIONES

“Indignación sin límites. No hay excusas que valgan. Sobre todo después de la prolongadísima duración de esta vergüenza. La Iglesia católica debe liberarse de todas las sujeciones propias de una organización, una asociación o un tinglado a la manera humana, que la hacen irreconocible y despreciable. O vuelve a la sencillez y a la inocencia de sus orígenes o se hunde sin remedio”.
L. Bernabé (Alcalá de Henares).

“Otra vez un ataque feroz contra la santidad de la Iglesia. Este blog me asquea. No pienso leerlo más”.
J. T. V. (Vigo). Leopoldo B. (Girona)

“Me adhiero a todos los grupos de cristianos de base que reclaman un cambio absoluto en la Iglesia católica. La curia romana es más que un estorbo : es un nido permanente de irregularidades y calamidades. Es preciso despojarse de todo y recomenzar desde la pobreza, la sencillez y la bondad sencilla que Jesús enseñó a sus amigos. Lo demás es un engaño cruel”.
Mari Fe López (Plasencia)

“Lean todos, por favor, las palabras que Jesús dedicaba a los niños. Son, ndudablemente, sus predilectos. Y con esos predilectos algunos que aparecen como consagrados a la Iglesia han perpetrado las peores cochinadas. Imposible mayor aberración. Es absolutamente imperativo cortar por lo sano”.
Ramón T. G. (Tarragona).

“Esto se acaba. Esa institución que invoca a lo más sagrado, pero permite y encubre lo más repugnante se está haciendo el “hara kiri”. Y nadie lo lamentará”.
Un cristiano de base (Madrid).


Libros recientes de Federico Revilla

“Fundamentos antropológicos de la simbología”. Ediciones Cátedra. Madrid, 2007.
“Diccionario de iconografía y simbología”. Sexta Edición. Ediciones Cátedra. Madrid, 2009.
“Momentos cumbre del cine mundial”. Parnass Ediciones. Barcelona, 2009.

Historial completo de Federico Revilla en su web personal: www.cultuamericas.org/fr


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