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El "blog" de Federico RevillaHay que revisar el tópico según el cual los niños, por definición, son encantadores. Ahora abundan demasiado los niños autoritarios, intransigentes, agresivos, repelentes e incluso crueles. No es culpa suya : me apresuro a reconocerlo. La culpa es, primordialmente, de sus padres y por extensión de la sociedad que ha conducido a éstos a desatender cada vez más la evolución normal de sus hijos. Unos padres agobiados por los compromisos exteriores (primordialmente, los económicos), pero además dominados a menudo por un inmoderado afán consumista. Estos les impelen a multiocuparse, con lo que apenas les quedan tiempo, sosiego ni paciencia para ocuparse de los niños como éstos necesitan. El resultado es que crecen y evolucionan sin orientación... prácticamente solos, a menudo solos también materialmente (algunos “ven a sus padres” solamente durante los fines de semana). No hace falta invocar a eminentes especialistas para confirmar que el niño, cualquier niño, necesita a sus mayores : su compañía y su cariño, ante todo ; pero también su orientación afectuosa, su corrección razonada (nunca arbitraria ni brutal) que cuando consiste en decirles “No” contribuye a formarles en la evidencia de que en la vida existen unos límites, unos ámbitos y unas costumbres que nos ayudan a todos a progresar y formarnos. Son muchos los padres que pretenden acallar su “mala conciencia” cediendo a todos los caprichos de sus hijos ; cargándoles de regalos (que a menudo a ellos les importan un rábano), cediendo a sus antojos y... ¡sobre todo!, evitando regañarles ni corregirles. Así, los niños crecen en una convicción de hecho : que pueden hacer lo que les dé la real gana. Y cuando alguna vez se les contraría o sencillamente no se accede a sus exigencias, la pataleta substituye cualquier otro medio para imponer su voluntad. El espacio de “la Gran Nanny” en Tele-4 ha sido un cumplido muestrario de esta situación. El gran público ha podido comprobar que la vida familiar es a menudo infernal : unos pequeños déspotas se encargan de amargar – además de agotar – a unos padres desalentados, al borde de la desesperación. Literalmente : sin exagerar. Son padres-víctimas. Sin embargo, la actuación de “la Gran Nanny” es casi siempre la misma : establecer unas normas, reducir por las buenas a los díscolos barbaritos de la casa a un cierto orden, que ellos pueden comprender como lógico, sencillo e incluso favorable a su desenvolvimiento. El ambiente se calma, los niños pierden poco a poco su arbitrariedad y olvidan sus caprichos. Y pueden convertirse, por supuesto, en niños estupendos. Pero, a falta de remedios tan obvios y sencillos, los padres ceden y ceden... cobardes y pánfilos, con lo que se convierten en los dóciles siervos de unos hijos intratables. Emprendido tan errado camino, cada vez es más difícil cambiarlo : los problemas se agravan y se multiplican. Así se llega al caso – que empieza a ser frecuente en los noticiarios – de adolescentes que agreden a sus padres. También hay demasiados casos de agresiones a profesores y maestros. Varias generaciones de padres han aceptado tácitamente – si no hay una providencial “Gran Nanny” que lo remedie – que los niños lo merecen todo y lo pueden todo. No se les debe contrariar. Hay que plegarse a todos sus antojos. Hoy es habitual que algunos pequeñajos llamen “Hijo de puta”, si acaso no algo peor, a su padre, a un tío o a cualquier persona mayor que no les caiga bien. Un amigo mío – de profesión docente, para más “inri” – mientras ambos charlábamos estuvo soportando impasible que su hijo le bombardease las piernas a puñetazos (era muy chiquillo y no llegaba más arriba) porque no le atendía en su petición de unas monedas para comprarse alguna chuchería. Un desastre social. Vamos de cabeza a una situación donde los jóvenes y los niños sean – ya lo son en algunos ambientes – una mayoría agresiva, insolidaria, asocial... y para colmo inútil. Frente a eso, alguna esperanza. Existe también una juventud espléndida, que estudia y trabaja, por supuesto, pero además se vuelca en el voluntariado, ocupándose de los más necesitados (ancianos, discapacitados, marginados) y aún halla tiempo para divertirse. No faltaría más. La semilla : también quedan niños estupendos. Generalmente, cuando los padres lo son.
febrero 2010
“Cuidado, que aquí tiran con bala”.
“Los padres tienen la culpa de todo. Pero que me digan quién les educa a ellos”.
“Es un artículo exagerado, lo ve todo negro. Y aunque ese señor vea negro, hay muchos colores y son muy bonitos”.
“He oído hablar de unas escuelas de padres, que a lo mejor sirven para algo”.
“Vi alguno de esos programas de “la Gran Nanny”, pero no se puede imaginar que una persona, por muy titulada que sea, lo arregle todo tan fácilmente”.
"Yo apenas veo a mis padres durante la semana. Cuando llegan de trabajar, yo estoy ya durmiendo. Me acostó una chica hispana que también me da la cena. Muy tempranito, por la mañana, "Corrre, corre, que se hace tarde" y "No me cuentes ahora eso, que tengo otras cosas en la cabeza". Otras veces : "Pregúntaselo a tu maestra, que para eso la pagan"... De manera que ya me sé el programa diario. Los fines de semana, los papás necesitan reunirse con los amigos. A veces, nos llevan a casa de los abuelos. Otras veces, vamos a casa de algún amiguito... Como veis, de papás queda muy poquita cosa. Vale, pero que no se quejen. Vivimos como si no existieran. ¿Para qué sirven? Ya lo sé : para pagar las facturas del colegio, llevarnos al médico si nos encontramos mal... y muy a menudo, ¡eso sí!, comprarnos regalos. Vamos, que lo de ser padre es un verdadero chollo".
"¡No nos agobien más, que ser padres es muy difícil!"
Historial completo de Federico Revilla en su web personal:
www.cultuamericas.org/fr
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