El "blog" de Federico Revilla


NO DAN NADA : TOMAN

Hay que corregir el habla : puede hacérsenos ladinamente engañosa.

Decimos habitualmente "dar trabajo", cuando se alude al empleador, cuya es tal iniciativa. Se trata de un giro que no se discute porque no se analiza siquiera. El empresario "da trabajo".

¿De veras lo da?, ¿como quien da una merced, un regalo... que es preciso agradecer? ¿Y consiguientemente el otro – el que trabaja – lo recibe?

Falso de toda falsedad.

Esta confusión verbal, más viva hoy que nunca, puesto que el trabajo – tan escaso – se desea ardorosamente, viene sin embargo desde muy lejos.

No : nadie "da trabajo". Sino que "necesita a gente que trabaje", para lo cual la emplea y la paga – casi siempre, lo menos posible – ; mientras que el trabajador pone su esfuerzo, su habilidad, su experiencia y en ocasiones incluso su sacrificio, para que el otro engrose su lucro, a cambio de aquella paga que le permite vivir – "ir tirando" – , aunque muchas veces, ni eso.

Anacrónicas reflexiones, hoy que se despepitan nuestros desengañados jóvenes por un mísero contrato temporal o uno de esos aún más míseros contratos de aprendizaje lanzados a una legalidad que no justifican. No importa al caso : aunque pocas veces para lo que exige la demografía, algunos jóvenes y menos jóvenes hacen falta para determinadas actividades. Si nadie, absolutamente nadie, aceptase desempeñarlas, algún sector de la economía se vendría abajo y unos cuantos empresarios más se irían al diablo (algunos se han ido ya por su incompetencia, su codicia o su abulia).

Por tanto, debe revisarse la concepción del empleador como un benefactor de la sociedad, que nuestros socialistas de pega han difundido más que nunca. El empleador sólo beneficia su bolsillo, estimando que lo beneficia poco y esquilmando al empleado : infinidad de veces, legalmente ; pero muchas otras, también ilegalmente. Que me traigan las excepciones – debe haberlas – y les rendiré el homenaje que merecen. Aunque sólo sea por eso : por excepcionales.

Se trata, pues, de dos factores en igualdad teórica, aunque jamás ésta se admita de hecho. El empleador necesita a quien emplear. El trabajador necesita a quien haya puesto en marcha las empresas donde trabajar. Ninguno por encima del otro : tampoco – atención – el trabajador por encima del empresario.

Más todavía : cuando alguien entra a trabajar por cuenta ajena, lo hace durante un tiempo determinado – generalmente, un mes – sin percibir remuneración alguna : es sabido que cobrará a fin de mes. Esto significa que anticipa durante un mes aquel dinero que confía percibir a su terminación. O sea, el que no tiene nada he aquí que anticipa dinero a quien lo tiene de sobras. Sin embargo, ese mismo trabajador primerizo debe pagar al instante el pan y la comida en general que necesita para mantenerse ; así como cualquier artículo que compre (unos zapatos, un jersey, etc. para poner ejemplos sólo de artículos necesarios, nada de lujos). Peor aún, tiene que pagar por adelantado una parte del alquiler de la casa o la habitación que habite, así como los servicios que le son imprescindibles (agua, electricidad, etc.).

Esta situación se hace clamorosa si se reflexiona acerca de su primer momento. ¿Cómo va a costear su vida el trabajador primerizo si vive solo, sin el apoyo de una familia ni amigos fraternos? “Arréglese usted, que no es asunto nuestro. Siempre se ha hecho así”. Pero cuando deja de ser tan estridente, es decir, una vez cobrada la primera mensualidad de su sueldo, no por eso cesa la desigual situación : él continúa anticipando dinero a su empleador, puesto que todo el mundo “pacta” cobrar una vez finalizado el mes. Esto es : trabaje y calle, primero ; después, cobrará.

De modo que la relación laboral no es, en este orden, sino una sucesión de “anticipos” que el trabajador – porque no tiene más remedio – hace a su empleador : anticipos de su trabajo, con la certeza de que le será retribuído a fin de mes. Aunque, ¡atención!, hay empleadores que se esfuman sin pagar a sus subordinados ; otros les retrasan el pago ; otros se declaran insolventes... Pero el trabajador, ¡siempre!, ha anticipado su parte.

¿No hay ningún economista que intente un cálculo aproximado de los millones que supone la suma de todas esas cantidades anticipadas por los trabajadores... en nuestro actual sistema, por supuesto legal, intocable y tomado por todos con la debida naturalidad? Imagino que resultarían cifras escandalosas.

Estas reflexiones parecen más inoportunas que nunca, tras la sonora hecatombe del comunismo, tan invocado durante casi todo el siglo XX, que ahora sonroja a sus mismos defensores de ayer. Combinado este hundimiento histórico con la desaceleración económica mundial, la maquinización invadente, la digitalización y el crecimiento de la población, más que nunca podría entenderse la ocasión de trabajar como una dádiva bondadosa de quien está en condiciones de hacerla.

Si lo es, ¡que trabajen ellos!, los que tan benéficamente ofrecen magros empleos en condiciones leoninas : que manipulen ellos contenedores de basuras, que piloten tractores, que se sienten ocho horas ante un ordenador, que desciendan – ¡todavía hoy! – al pozo de la mina... ¿Por qué no se autorregalan tan comunes situaciones en vez de tostarse en las Bermudas y alquilar deslumbrantes hetairas supercarísimas?

No, no regalan nada. Toman – bien al contrario – todo lo que pueden : esa energía de trabajo que "les" produce rendimientos y debiera producirlos – igualmente, por lo menos – a quienes se la aportan. Ha sido así durante mucho tiempo... ¿Puede el simple paso del tiempo justificar lo que no se percibe como asequible y claro?

julio 1994


PARTICIPACIÓN Y OPINIONES

“Pues es verdad. Resulta que estamos adelantando dinero a quien parece que nos hace un favor : el dinero del primer día de trabajo, del segundo, del tercero... y así hasta treinta o treinta y uno. Eso, supuesto que la empresa pague cuando es debido. Debo comentarlo con mis amigos. No es justo. En todo caso, chocante. Pero cualquiera lo cambia desde tanto tiempo callando todos”.
“Uno que se muerde la lengua” (Madrid).

"Qué argumentación más maligna. ¿Por qué no piensa usted lo que hubiera sido de la humanidad sin los avences del mundo capitalista? Estaríamos todos pudriéndonos en una caverna, quizá royendo a duras penas las piltrafas de carne de cualquier bicho asqueroso. Pero muy libres, ¿no? Eso lo creerán ustedes. Da pena y da coraje leer teorías tan disolventes. Un desastre de escrito, que nos llevaría a peores desastres si muchos se lo tomaran en serio. Afortunadamente, no es así.
M. T. (San Sebastián).

“Un artículo demagógico y embustero. Una vergüenza”.
S. S. D. (Aranjuez. Madrid).

“Es verdad lo que denunció otro lector de este blog : el autor es un comunista perdido en el desierto”.
Juan María Sales (México, D. F.).

“El asunto no tiene remedio. Las cosas son así, y así seguirán”.
C. P. (Zaragoza).

"Lo he comentado con mis amigos y todos se han quedado muy sorprendidos. ¡Nadie les había hecho ver cosas tan evidentes! ¿Cómo se explica ese silencio? Y que todos lo tomen por lo más natural del mundo... y a nadie se le ocurra poner pegas... ¿Es el único modo para que la gente se organice? Pienso que pudiera haber otros, ¿o no?".
Juanita Banana (Santa Cruz de Tenerife)



Libros recientes de Federico Revilla

“Fundamentos antropológicos de la simbología”. Ediciones Cátedra. Madrid, 2007.
“Diccionario de iconografía y simbología”. Sexta Edición. Ediciones Cátedra. Madrid, 2009.
“Momentos cumbre del cine mundial”. Parnass Ediciones. Barcelona, 2009.

Historial completo de Federico Revilla en su web personal: www.cultuamericas.org/fr


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