CUMBRE DE LA POESÍA EN LENGUA ESPAÑOLA

"Noche oscura"

Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual


Es algo generalmente aceptado el lugar preeminente que ocupa San Juan de la Cruz en la poesía española. Autor de una obra bevísima, pero intensa en grado sumo. En ésta, "Noche oscura", es probablemente la más perfecta y acabada. Al cabo, "la cumbre de la cumbre".

Con ella hemos deseado iniciar esta sección donde tengan cabida todos aquellos valores, que gozosamente compartimos en nuestra comunidad idiomática, tales que no son "ni de aquí ni de allá", sino precisamente de todos.

Juan de la Cruz es, ciertamente, único : no ya en nuestro ámbito hispano, sino único universalmente. Pocos se han aproximado a algo semejante. La naturalidad, la fluidez, paradójicamente hermanados con el entusiasmo y la plenitud, se colocan al servicio de una finalidad estrictamente mística, cuyo modelo – común a la mayoría de autores que pretenden, a su vez, un objetivo místico – es "El cantar de los cantares". O sea : la plena realización humana en el encuentro sexual, tomada como símbolo de la plena realización espiritual a que ellos aspiran. En este sentido, es notable el contraste del contenido – exquisitamente erótico – de "Noche oscura" con el subtítulo, añadido probablemente por otra persona, "a posteriori" y desde luego enteramente "desde fuera" de las intensas vivencias del poeta.


		En una noche oscura,
		con ansias, en amores inflamada,
		¡oh dichosa ventura!,
		salí sin ser notada, 
		estando ya mi casa sosegada.

		A oscuras y segura,
		por la secreta escala, disfrazada, 
		¡oh dichosa ventura!, 
		a oscuras y en celada,
		estando ya mi casa sosegada.

		En la noche dichosa,
		en secreto, que nadie me veía,
		ni yo miraba cosa,
		sin otra luz ni guía,
		sino la que en el corazón ardía.

		Aquésta me guiaba
		más cierto que la luz del mediodía,
		a donde me esperaba
		quien yo bien me sabía,
		en parte donde nadie parecía.

		¡Oh noche que guiaste!.
		¡oh noche amable más que la alborada!,
		¡oh noche que juntaste
		Amado con amada,
		amada en el Amado transformada!

		En mi pecho florido,
		que entero para él solo se guardaba,
		allí quedó dormido, 
		y yo le regalaba,
		y el ventalle de cedros aire daba.

		El aire de la almena,
		cuando yo sus cabellos esparcía,
		con su mano serena
		en mi cuello hería,
		y todos mis sentidos suspendía.

		Quedeme y olvideme,
		el rostro recliné sobre el Amado ;
		cesó todo y dejeme,
		dejando mi cuidado
		entre las azucenas olvidado.

Fotografía : una calle de la ciudad antigua de Toledo. Cabe pensar que por estos lugares debió caminar a menudo el más excelso de los poetas en lengua española, el menudo e insignificante frailecico Juan de la Cruz.

<< Regreso a Nuestra Cultura Común

<< Regreso a la página de entrada