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Es algo generalmente aceptado el lugar preeminente que ocupa San Juan de la Cruz en la poesía española. Autor de una obra
bevísima, pero intensa en grado sumo. En ésta, "Noche oscura", es probablemente la más perfecta y acabada. Al cabo, "la
cumbre de la cumbre". En una noche oscura, con ansias, en amores inflamada, ¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada. A oscuras y segura, por la secreta escala, disfrazada, ¡oh dichosa ventura!, a oscuras y en celada, estando ya mi casa sosegada. En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz ni guía, sino la que en el corazón ardía. Aquésta me guiaba más cierto que la luz del mediodía, a donde me esperaba quien yo bien me sabía, en parte donde nadie parecía. ¡Oh noche que guiaste!. ¡oh noche amable más que la alborada!, ¡oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada! En mi pecho florido, que entero para él solo se guardaba, allí quedó dormido, y yo le regalaba, y el ventalle de cedros aire daba. El aire de la almena, cuando yo sus cabellos esparcía, con su mano serena en mi cuello hería, y todos mis sentidos suspendía. Quedeme y olvideme, el rostro recliné sobre el Amado ; cesó todo y dejeme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado. Fotografía : una calle de la ciudad antigua de Toledo. Cabe pensar que por estos lugares debió caminar a menudo el más excelso de los poetas en lengua española, el menudo e insignificante frailecico Juan de la Cruz. |