QUEVEDO Y LOS POETAS NOVOHISPANOS


Los clásicos mantienen su presencia... Muchas veces ha sido modesta, casi vergonzante, aunque no menos eficaz ni persistente. Pero otras veces - las menos - disfrutan de unas condiciones óptimas para llegar a la generación actual. En forma minoritaria, por supuesto, pero con los honores materiales que tan a menudo les fueron negados.

Francisco de Quevedo Quevedo ha sido uno de esos raros favorecidos por un tratamiento excepcionalmente digno. Hay que alegrarse de ello. Porque este don Francisco de Quevedo y Villegas, por otra parte, fue poco y mal comprendido por el gran público : autor a retazos muy poco relacionables entre sí, gozó durante generaciones de una nombradía como desvergozado y malhablado (a la que, por cierto, no fue del todo ajeno : recuérdese el libelo "Gracias y desgracias del ojo del culo" o en otro orden las cochinadas que a menudo se intercambió con el - por lo demás - finísimo y relamido Góngora, quien puesto a denostar a su antagonista, a su vez, rompía toda compostura). Pero fue también un elevado poeta. En cuanto a su novela sobre el Buscón ("Historia de la vida del Buscón llamado Don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños"), es una de las más divertidas de la picaresca, tan pródiga en ejemplos regocijantes.

En suma, Quevedo tiene mucho que conocer y que estudiar. Por fortuna, abundan también quienes se dedican a ello.

"La perinola" es esa excepción

Una revista dedicada especialmente a Quevedo es "La perinola", que no en vano se subtitula "Revista de investigación quevediana" y se publica - mimosamente - en la Universidad de Navarra, bajo la responsabilidad del "Grupo de Investigación Siglo de Oro" (GRISO). Pero aquí hay que señalar un exceso de modestia verbal. Porque "La perinola" no es de ninguna manera lo que se entiende habitualmente por una revista, sino un libro (en puridad, una colección de libros), ya que no "de tomo y lomo", al menos ciertamente de mucho lomo, pues alberga nada menos que quinientas páginas en su número 7, de 2003. Perfectamente encuadernado, pulcramente editado e impreso en excelente papel, es de hecho un libro y nadie le puede negar la condición de tal. Su contenido es misceláneo : toda clase de estudios no sólo en torno a Quevedo y su obra, sino también a su época, sus condicionamientos y su influencia.

Nos hemos fijado particularmente en el trabajo de Arnulfo Herrera, docente en la Universidad Nacional Autónoma de México, que se titula "Dos apuntes sobre el influjo de Quevedo en los poetas novohispanos" (op. cit., pp. 208-239).

No todas las influencias son tales

Advierte de entrada Arnulfo Herrera que se ha producido un exceso en la asimilación de autores y obras a ciertos antecedentes ilustres : "El abuso de los adjetivos 'gongorino', 'quevediano' y 'calderoniano' ha creado confusiones entre los estudiosos de la literatura novohispana [...] Raras veces la crítica literaria doméstica ha buscado con el rigor debido los documentos que corroboren la presencia efectiva del modelo, o en muy pocas ocasiones ha hecho el análisis formal de la imitatio para demostrar la presencia de Góngora, Lope, Quevedo o Calderón, entre otros de los grandes poetas auriseculares españoles que sirvieron de 'autoridades' o fuentes a la poesía colonial. Algunas veces los paradigmas son evidentes, pero en muchos otros casos no lo son tanto porque mediaron varios factores de diferencia, como la separación temporal entre el poema y su modelo inmediato, las necesidades concretas que motivaron al texto, tales como la adaptación de un tema para el momento específico o las rimas forzadas en la convocatoria de algún certamen. Incluso, se pudo haber interpuesto el empeño de un autor por transformar el poema que le sirvió de base o la voluntad de utilizar varios modelos simultáneamente".

En suma, la influencia directa es a menudo problemática. No lo es, en cambio, la casi universalidad de la marea barroca, que a todos alcanza más o menos. A muchos llega a ahogarles.

Barroquismo exacerbado

Hay diversas composiciones que pasan de mano en mano : se les puede suponer por ello una aceptación bastante parecida al éxito. Son a menudo explosiones de un barroquismo exacerbado : no solamente en la forma, retorcida a la manera de las columnas salomónicas, sino en la mentalidad subyacente, que atribuye dignidad y mérito a lo arduo, dificultoso, pasmoso, insólito y sorprendente.

He aquí una "joya" de su tiempo :

	Pídeme a mi mismo el tiempo cuenta ;
	si a darla voy, la cuenta pide tiempo :
	que quien gastó sin cuenta tanto tiempo,
	¿cómo dará, sin tiempo, tanta cuenta?
	Tomar no quiere el tiempo tiempo en cuenta,
	porque la cuenta no se hizo en tiempo ;
	que el tiempo recibiera en cuenta tiempo
	si en la cuenta del tiempo hubiera cuenta.
	¿Qué cuenta ha de bastar a tanto tiempo?
	¿Qué tiempo ha de bastar a tanta cuenta?
	Que quien sin cuenta vive, está sin tiempo.
	Estoy sin tener tiempo y sin dar cuenta,
	sabiendo que he de dar cuenta del tiempo
	y ha de llegar el tiempo de la cuenta.

Este curioso soneto, que aparece en un manuscrito de fray Miguel de Guevara, en la "Rítmica" de Caramuel y en el "Libro" de Bartolomé Serrano, puede resultar hoy asombroso, divertido, casi "circense" y probablemente nos sintamos poco inclinados a tomarlo en serio. Pero es preciso remitirse a la gravedad admonitoria que se atribuyó en su tiempo, no sin algo parecido a la admiración ante la capacidad para la "orientación intelectual" que debieron gozar sus lectores y admiradores, pues en su defecto no hubieran logrado seguir su curso, tan repetitivo como laberíntico, pero seguro. Y a fe que había que mantenerse muy alerta para seguir al poeta por tantos vericuetos... para tropezarse siempre con los dos únicos conceptos que interesan al poeta, los cuales, a su vez, entrelaza y encabalga, sin alertar sobre los eventuales vaivenes de sus significaciones en cada estrofa. No todos los árboles de ese bosque son el mismo árbol, aunque lo parezcan. La ingeniosidad exterior, el caracoleo terminológico, no trivializaron el soneto : antes bien, debieron servir para granjearle una mayor atención y, por tanto, eficacia edificante.

Tampoco Sor Juana Inés...

Arnulfo Herrera, el autor a quien seguimos, comprueba que tampoco se libró Sor Juana Inés de la Cruz de aquel empeño filiador : "Cada vez que se encuentran textos satíricos, la primera reacción es enlazarlos con el adjetivo quevedesco. Así, los sonetos satírico-burlescos de Sor Juana Inés de la Cruz aparecen ligados al madrileño sin más elementos de convergencia que los temas cuya filiación podría insertarse en una línea de la poesía italianizante que arranca con Hurtado de Mendoza, se enlaza con Baltasar de Alcázar, se prolonga con Góngora, luego se extiende con Quevedo y Villamediana y se continúa en una gran cantidad de poetas que cultivaron el género ocasionalmente. Juegos cortesanos de palacio o academias literarias, rencores que se desahogaban con alguna sátira, voluntad de minar los tópicos petrarquistas, crítica de las costumbres y diferencias personales no son características literarias exclusivas de Quevedo" (Ibid. pp. 212-213).

Como quiera, es difícil precisar la influencia de Quevedo. En la práctica, y al modo como hemos advertido tantas veces en la literatura de su tiempo, dicha influencia actúa como un río serpenteante que ora desaparece bajo las frondas, entreasoma aquí o allá en charcas o humedales, se disimula donde fluye o parece mostrarse donde no llega en efecto.

A fin de cuentas, parece que no fue abusiva. Según resume Herrera : "La influencia de Góngora en Nueva España fue muchísimo mayor que la de Quevedo, y sin embargo, cuando se hallan estos temas [burlescos], nunca se les ocurre a los críticos pensar en el cordobés y sí, en cambio, le cuelgan el milagrito a Don Francisco, cuya vena satírica parece condenada a cargar con todas las cuentas de estos temas" (Ibid., p, 216).

Otro ámbito : la inspiración religiosa en Nueva España

Es saludable desviar, en fin, la atención de aquellas ocasiones, puramente divertidas o mordaces, que no son más que un aspecto - y no principal - de la actividad literaria novohispana. También se echó mano de Quevedo para temas sublimes, "aunque sería oportuno precisar si es verdaderamente él quien está detrás de estos casos. Es necesario discutir su presencia en al menos dos de los temas en que sus textos parecen haber servido de fuente. El primero es el caso de los salmos bíblicos novohispanos que se encuentran documentados a finales del siglo XVI, entre los que sobresale el soneto 'Levántame, Señor, que estoy caído', de fray Miguel de Guevara, y el segundo caso es el de las canciones pindáricas que proliferaron en México a principios del siglo XVIII. Es casi seguro que los salmos sean de la segunda década del siglo XVII y que tampoco se deban a los modelos quevedianos del 'Heráclito cristiano', sino a toda una corriente del pensamiento español. En cuanto a las canciones pindáricas, tenemos varias razones para pensar que se hicieron a imitación de Quevedo (el paradigma sería la canción 'De una madre nacimos'), aun cuando en algunos casos los temas parezcan muy alejados" [...] "Hay suficientes coincidencias para sospechar el arribo de una ola mística que inundó el mundo hispánico en la segunda década del siglo XVII. No sólo coincidieron en el tiempo la publicación de las 'Rimas sacras' (1614) de Lope de Vega y su 'ordenación' vital y sacerdotal, también coincidieron en aquellos años algunas obras de un poeta que se regodeaba públicamente en lo satírico y lo festivo : Francisco de Quevedo, 'La doctrina moral del conocimiento propio' (que más tarde se habría de convertir en 'La cuna y la sepultura') es de 1612, el 'Heráclito cristiano' y 'Las lágrimas de Jeremías castellanas' son de 1613. Al otro lado del mundo, en la Nueva España, hay muestras de literatura piadosa que a primera vista parecen manifestaciones rutinarias de la vida colonial, pero en realidad son poemas excepcionales : muy probablemente datan de aquella época el llamado por Alfonso Méndez Plancarte 'Anónimo de los Salmos', el también denominado por este mismo autor 'Anónimo de la Pasión' y el 'Panegírico de la Anunciación', entre otras obras manuscritas que hasta la fecha permanecen inéditas" (Ibid., pp. 216-217).

Sea como fuere, a cualquiera de los ámbitos pudo haber llegado el eco del polifacético y contradictorio don Francisco.


Para toda clase de consultas acerca del "Grupo de Investigación Siglo de Oro" (GRISO)
o pedidos de "La perinola", eduarte@unav.es


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