Literatura - Cine
La suerte corrida por una novela cumbre
en su traspaso al lenguaje fílmico.
"LA REGENTA" EN IMAGENES
Cabía esperar
que "La Regenta", una de las novelas más importantes de la literatura
española, un día u otro fuese adaptada a un lenguaje audiovisual. Igualmente,
que cuando ello sucediera el resultado fuese discutible para algunos.
Se trata del
viejo problema del traspaso, no ya de unos a otros géneros, sino – más arduo
todavía – de unos a otros medios de expresión. La literatura pende de unas
leyes propias. Cuando el tema o el argumento literario es trasladado a otro
medio de expresión, o bien cambian las leyes, con lo cual queda lesionado, o
bien debe ser amoldado de modo precario a unos condicionamientos que
probablemente no lo admitan.
Como quiera,
hombres de nuestro tiempo, hemos de estar abiertos a los nuevos medios.
Aceptando los riesgos, aunque sean tan gravosos.
De modo que el
intento de pasar "La Regenta" a lenguaje fílmico y televisivo tiene
que ser acogido con agradecimiento, del que se siga una actitud benévola.
Pero también
por las mismas premisas, es preciso defender lo fundamental de lo que escribió
Leopoldo Alas, "Clarín", con un purismo detallista próximo al que él mostró
para lograr una obra tan sutil y equilibrada.
"La
Regenta", tal como la ha realizado Fernando Méndez Leite, es una obra
cuidada. Por su ambientación y vestuario puede recordar a Luchino Visconti : cuya evocación es casi literal en la secuencia,
deliberadamente larga, de un baile de sociedad. La selección de los intérpretes
ofrece un cartel de campanillas : sin embargo, la
prueba que se les destinaba llega a ser harto comprometedora.
Problemas para todos los
intérpretes
Difícil,
extremadamente difícil lo tenía, más que nadie, la joven Aitana Sánchez-Gijón
para encarnar el papel de "Ana Ozores", "La Regenta". Ha
debido "entrar en años" – algunos años – mediante la caracterización.
Mesurada, elegantísima siempre, cumple con dignidad :
¡que no es poco! Es el suyo un personaje hecho de silencios, un personaje
"hacia dentro" ; típicamente novelístico :
para leído, más que para visto y oído. Los desnudos son una concesión del
realizador a la boga visual de estos años. Inconcebible, que "Ana
Ozores" pudiera ser descubierta por nadie de tal guisa. ¡Si Don Lepoldo
levantara la cabeza!
Bien elegido
Carmelo Gómez, en cuanto da físicamente el tipo del canónigo magistral,
"Don Fermín de Pas". Pero sobre este actor recae una responsabilidad
excesiva, puesto que permanece en pantalla durante muchos y prolongados
tiempos. No matiza suficientemente y desperdicia así, probablemente, "el
papel de su vida". En algunas escenas se extralimita gritando sin
necesidad. Por otra parte, el guión extrema su relación de dependencia respecto
de su madre : con lo que Gómez tiene que sobrellevar reiterados diálogos
"mano a mano" con Amparo Rivelles, actriz extraordinaria que, hoy en
día, situada en la cumbre de su madurez, "devora" interpretativamente
a quien quiera que haya de compartir su presencia.
En cuanto a Juan
Luis Galiardo, como el conquistador "Alvaro Mesía", está discreto.
Algunas mujeres opinan que el actor ya no inspiraría pasiones volcánicas a
nadie. No tienen en cuenta el desamparo de la pobre "Anita Ozores".
En cambio,
Héctor Alterio, siempre tan buen actor, queda en esta obra por debajo de sus
posibilidades. Su papel, "Víctor Quintanar", el esposo de
"Ana", es el único violentado respecto de la intención del novelista : resulta un hombre superficial, vacilante, cuando
no frívolo. No inspira respeto. Y eso es lo peor que puede acaecerle a un
personaje semejante.
En fin, todos
los segundos están bien. El "incombustible", "eterno",
Manuel Alexandre – superviviente que se mantiene en activo desde tiempos de la
posguerra – , Fiorella Faltoyano, María Luisa Ponte,
José María Caffarel, Cristina Marcos, Miguel Rellán – un sobrio "Frígilis", a quien llena
de dignidad – : mucha gente de probada profesionalidad que no podía fallar.
Fue “otro tiempo”….
Con estos
elementos, la obra realizada es por demás considerable. Poco televisiva
: cabe temer que para el público de este medio, la trama se alargue y se
arrastre (hay numerosas reiteraciones). La problemática expuesta en "La
Regenta", que permitió a "Clarín" calar tan noblemente en la
comprensión de la mujer de su tiempo, se hace inimaginable para los públicos actuales : ni las costumbres de la pequeña ciudad, ni la
escala de valores, ni las formas de piedad, tienen apenas nada que ver con las
de hoy.
Encima, la
mesura con que "La Regenta" ha sido tratada por su adaptador, muy preocupado
por no caer en folletín, le ha inclinado hacia el otro lado: incurre en un
distanciamiento que es frialdad. Ello se hace expreso en la secuencia final :
la distancia, efectiva, es la que va marcando la cámara, alejándose lentamente
de la desdichada "Ana Ozores", derrumbada sobre el pavimento de la
catedral. Incidencia obsesiva sobre el hecho visible. Pero ninguna emoción.
Debe desearse el éxito
internacional a este intento. Mucha gente de gran valía ha trabajado de firme
para merecerlo. Que lo tengan muy difícil es una razón más para deseárselo.
Foto
en cabecera : Aitana Sánchez-Gijón ("Ana
Ozores") en una secuencia de “La
Regenta”.
VARIOS JUICIOS AUTORIZADOS SOBRE
"LA REGENTA"
Nunca está de
más volver sobre una novela de tanta categoría como "La Regenta".
Curiosamente, había permanecido casi olvidada hasta nuestros días, cuando fue
"redescubierta" por la crítica, que la ha proclamado una de las más
perfectas de la literatura española. Hoy, el acuerdo en el entusiasmo hacia
ella es casi unánime.
Las gentes
de aquel tiempo
Bécarud, por
una parte, y Jackson, por otra, han puesto de manifiesto que "La
Regenta" es la novela por excelencia del período histórico de la
Restauración en España (el regreso de la dinastía Borbón en la persona de
Alfonso XII), que no pierde en ningún momento de vista los hechos contemporáneos : sobre ellos se recorta la peripecia íntima
de sus protagonistas, que reciben de este modo un fondo de autenticidad que
sumar a su propia autenticidad psicológica, tan sutilmente captada por el
novelista.
Ana Ozores y
Fermín de Pas representan la antítesis entre intelectualismo y vitalismo, según
Baquero Goyanes. Como fondo a su existencia pululan en la novela numerosos
personajes episódicos, muchos de ellos tocados de una nota satírica, a menudo caricaturesca ; más aún, algunos se deslizan hacia lo
risible.
No es el caso
de "Frígilis", a quien sus conciudadanos precisamente tildan de
extravagante, pero que está dotado de una rara nobleza, más destacable en un
ambiente tan gris y tan envilecido. Para ciertos críticos, el autor se ha
proyectado en "Frígilis", a quien hace portavoz de su propio
pensamiento.
En cuanto al
"personaje colectivo", las gentes de la ciudad de Vetusta,
"Clarín" se mostró despiadado : la novela
es, al cabo, una crítica muy severa contra la sociedad provinciana de su
tiempo. El ambiente creado por aquellas gentes es el que conduce al desastre a
la protagonista, que se había empeñado en resistir contra él. Parece probable
que el novelista hubiera tomado modelos reales para algunos de sus personajes, lo
cual aumenta el valor testimonial que se le atribuye. Tal sería el caso de
Benito Sanz y Forés, obispo de Oviedo entre 1868 y 1881, sobre cuya
personalidad describiría al obispo de Vetusta (J. M. Martínez Cachero).
Ana Ozores
y Emma Bovary
Han sido
varios los autores que han visto coincidencias entre "Madame Bovary",
de Gustave Flaubert, y "La Regenta". Sin entrar aquí en esta
cuestión, no cabe duda que ofrece múltiples sugestiones. Entre lo mucho que ha
escrito Gonzalo Sobejano sobre el particular, señala que la supuesta victoria
de la mezquina sociedad provinciana sobre la protagonista es sólo exterior : "Podría verse en el final de ‘La Regenta’
(Ana desmayada recibiendo el beso viscoso y frío del pervertido acólito) una
forma de ‘castigo’. Ana Ozores aparece ahí derrotada por Vetusta, arrastrada
por su lodo. Pero Vetusta no ha logrado asimilar a Ana, no ha podido someter su
alma. El aparente castigo material, llevado al extremo de la profanación (y
sólo se profana lo que aún es sagrado), descubre la victoria moral (el triunfo
del dolor) en esa mujer que vuelve a la vida rasgando las tinieblas". Se
refiere a un detalle concreto de la escena del desenlace, que en la versión
fílmica se ha evitado. Tal vez fue juzgado tremendista, dada la contención que
caracteriza aquélla. Como quiera, lo escribió "Clarín", colocándolo
en el momento resolutorio de su narración : no debiera
haberse omitido.
José Luis L.
Aranguren comentó como uno de los aspectos más actualizables de esta novela
"el desdoblamiento de la mujer real Ana y ‘la Regenta’, personaje
inventado por el aburrimiento y la hipocresía colectivos de Vetusta, por una
moral social de meras apariencias y por el gusto y regusto del
‘escandalizarse’..."
La
sensibilidad pictórica del novelista
"Clarín",
consumado novelista, da pruebas repetidas veces de una sensibilidad casi pictórica : la descripción de la despensa de los marqueses
de Vegallana es un bodegón escrito ; la famosa panorámica de Vetusta desde la
torre de la catedral – con que se inicia la novela – , un acabado paisaje ; la
ambientación de Ana Ozores durante la tarde de Todos los Santos (cafetera,
taza, copa, cigarro apagado, periódico), una "vanidad" adaptada a
finales del siglo XIX...
Es difícil que
se agote el venero de sentidos soterrados que contiene "La Regenta".
Los especialistas pueden continuar analizando e interpretando. Los lectores,
por su parte, continúan saboreando – sencillamente – esta obra ejemplar :
suya es, por supuesto, la actitud más directa.