¡ Y no se habló más !

SUPUESTA FALSIFICACIÓN DE LA
"DAMA DE ELCHE"

En 1995 hubiera podido estallar una bomba en el mundo de la arqueología. El Profesor John F. Moffit, docente en The New Mexico State University, lanzó una hipótesis que amenazaba de sospecha una de las obras más bellas y más famosas de la antigüedad. Según dicha hipótesis, la "Dama de Elche" sería una falsificación de finales del siglo XIX, más concretamente de 1897, la fecha de su resonante descubrimiento.

Pero, a decir verdad, aquella sospecha no debiera haber sido noticia entonces, ni nunca, por la aportación de Moffitt. Se había sospechado siempre de la "Dama de Elche" (aunque de tapadillo, como quien se arriesga por terreno resbaladizo) : su atípica perfección, su extraña belleza en un medio protohistórico caracterizado por la rudeza de las formas (la cultura ibérica en Hispania), así como la falta de contexto arqueológico en su hallazgo, eran motivos suficientes para alimentar serias dudas. Estas se habían callado, por lo general, por razones de prudencia o de oportunidad.

Especialmente, a raíz del descubrimiento de la "Dama de Baza", en 1971, la comparación entre ambas obras hizo más evidente la anomalía de la finura de la "Dama de Elche", en abierto contraste con la rudeza de la pieza recién exhumada : precisamente, en una excavación desarrollada con todas las garantías y ocupando un lugar preciso en una sepultura no violada.

La "Dama de Elche" quedaba entonces, más que nunca, como una pieza insólita, ni explicable ni coherente respecto del conjunto conocido del arte ibérico.

Pieza atípica, mas no símbolo de una cultura

Por otra parte, no es cierto que la "Dama de Elche" fuera algo así como un símbolo de lo español o de la cultura española – según se dijo más tarde – . Era, en todo caso, una pieza muy admirada, que se empleó como imagen en dos emisiones de papel-moneda en España, la una durante la guerra civil (cien pesetas, 1938) y la otra, más tarde, ya durante la inmediata posguerra (una peseta, 1941). Pero ésto no significa nada acerca de la pieza de origen : fue simplemente un motivo más para su popularización.

La “Dama de Elche” ocupó durante años un honroso lugar en el Louvre, seguidamente en el Museo del Prado y ahora se encuentra más realzada que nunca en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Estas, por su parte, son pompas ocasionales que tampoco deben impresionar al científico (aunque, ciertamente, ilustran acerca de la opinión vigente entre sus colegas de aquellos tiempos).

Hubiera convenido, pues, que todos ellos se dedicasen a la cuestión en serio, sin asomos de puntillo nacionalista ni resabios de escuela : en busca de la pura verdad arqueológica, que es lo único que importa.

Personalidad y honradez de Moffitt

El profesor Moffitt había pasado más de 25 años estudiando el problema y se hallaba en condiciones de fundamentar su devastadora denuncia. Llegó, incluso, a sugerir un nombre para el autor de la falsificación : ésta habría sido obra de un tal Pallàs i Puig. Frente a la irritación de muchos "defensores" de la antigüedad real de la "Dama", lejos de empeñarse puntillosamente en su propia posición, Moffitt insistía en reclamar para la famosa pieza una datación mediante el carbono-14 de los únicos elementos susceptibles de dicha prueba, es decir, los restos de policromía que conserva y precisamente el vehículo o medio para la pigmentación, ya que ésta, por ser de origen mineral, no admite aquel trabajo. Y declaraba que ante el dato objetivo obtenido por aquel medio, si acaso le resultaba adverso, renunciaría sin más a sus opiniones.

Nadie le atendió.

Antes bien, los medios especializados le ignoraron casi unánimemente. Y quienes le mencionaron fue para descalificarle.

Una excepción : Juan Antonio Ramírez Domínguez, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid, fue uno de los pocos especialistas que se tomaron en serio la aportación de Moffitt, considerando correcta su hipótesis.

Los medios de comunicación social le dedicaron algunos reportajes, que por la índole de sus públicos respectivos no podían ser sino superficiales. Por su parte, la referencia de “Melibea – Revista de Cultura Hispana”, Núm. 0., en Internet, fue escueta, respetuosa y en absoluto polémica, pero tampoco podía entrar a fondo en la cuestión.

Las razones de una impugnación

Ha transcurrido casi un decenio y, si en algún momento pudo haber escándalo, ya no queda el menor rastro. Hora es de volver sobre el asunto con el sosiego – histórico – que presta un silencio tan largo. El libro de Moffitt traslucía demasiado el talante personal del autor : Moffitt es un hispanista que ha publicado mucho sobre el Siglo de Oro español, mas no especializado en la antigüedad (y por aquí le atacaron algunos) ; hombre muy simpático, amigo de muchos amigos, y su exposición adolecía probablemente de un desenfado coloquial, harto ajeno a la envarada frialdad de la literatura científica.

En las siguientes líneas nos hemos ocupado de ordenar los numerosos argumentos que en aquel libro había ido aduciendo con fluidez propia de una amena conversación. Los primeros de esta relación fueron recogidos por Moffitt de otros autores que también, en su momento, “habían dudado”. A ellos agregó los suyos propios. Así recopilados todos ellos, deben inspirar otro respeto.

Moffitt recuperó los siguientes reparos formulados, ya, por Nicolini :

  1. Circunstancias oscuras del descubrimiento de “La Dama de Elche”.
  2. Frecuencia de las falsificaciones ibéricas en aquel tiempo.
  3. Excelente estado de conservación, altamente sospechoso, de “La Dama de Elche”.
  4. Carácter “único” y, además, anacrónico de la pieza .
  5. (Condescendencia a suponerla una imitación de arte griego). No es reparo de fondo, aunque sí de atribución.
  6. Exageración de su “carácter ibérico”.

    Discordancias señaladas por Moffitt apoyándose en García Bellido :

  7. Se trata de un busto de tamaño natural.
  8. Parece ser un retrato y precisamente “muy personal”.
  9. No es fragmento de una escultura mayor (reincide sobre 1). (Otros especialistas han opinado en sentido contrario).
  10. Falta de antecedente alguno de bustos en la escultura ibera.
  11. Esta forma de busto con base cuadrada no se halla tampoco en ninguna de las culturas del Mediterráneo occidental durante el período clásico.
  12. En su área de hallazgo, no hay escultura figurativa que se aproxime al tamaño natural.
  13. No hay retrato en Hispania hasta la época romana.
  14. Excelente estado de conservación (reiteración del punto 3 : ya fue cuestión sospechosa para Nicolini).
  15. El cuidado o atención fisonómicos, también ajenos a cultura y época.
  16. Si se admitiera excepción a la objeción anterior, no hay sino retratos de héroes y éstos no aparecen hasta Alejandro Magno.
  17. Eclecticismo : aspectos ibéricos, púnicos, etruscos, griegos y romanos ( = un completo “pastiche”).
  18. Los rasgos ibéricos de la Dama aparecen en ilustraciones sobre piezas publicadas antes de 1897. Un eventual falsificador pudo disponer, pues, de abundantes modelos para imitar : contrariamente al parecer, muy enfático, de algunos especialistas.
  19. Tales rasgos – ¿copiados? – están exagerados o han sido mal comprendidos.
  20. Atribución ibérica automática (acrítica) por haber aparecido en La Alcudia.
  21. Carácter romano de la mayor parte de dicho yacimiento y particularmente de la estratigrafía donde se produjo el hallazgo.
  22. Eclecticismo del supuesto carácter ibérico : pudiera atribuirse incluso a época posmedieval (es una reiteración de 11, acentuada).
  23. Nunca se ejecutó en el Mediterráneo occidental una obra comparable. Unicidad absoluta.
  24. Acuerdo inexplicable respecto de la sensibilidad estética del tiempo de su hallazgo. Dicho de otro modo, un eventual falsificador trabajó bastante “sobre seguro” en cuanto a la aceptación que pudiera obtener su obra.

    Otras objeciones que Moffit aportaba por su cuenta y riesgo :

  25. El “aparato” que sostiene el tocado es una invención : no hay precedente.
  26. En el lugar del hallazgo, tierra removida y suelta, cuando el resto del campo la presentaba prieta. Datos muy importantes sobre este particular en p. 247 : parecen dejar en evidencia que acababa de ser colocada allí la pieza.
  27. Sospechosa “oportunidad” del hallazgo, precisamente cuando hubo de producirse la visita del gran especialista francés M. Paris
  28. Hallándose la pieza a “cosa de un metro” de la superficie del suelo (p. 245), en un predio cultivado, ¿es sostenible que nadie, nadie, hubiese acertado a dar un solo golpe de azada en aquel punto durante dos mil años? Moffitt no aducía esta objeción hasta la p. 184.
  29. Falta de oxidación de la pieza, pese a haber sido tierra regada habitualmente desde tiempo inmemorial (p. 184).
  30. El guerrero mutilado, hallado algo más tarde, a modo de “apoyo” arqueológico a la Dama, por el contrario, más bien confirma el carácter falso de la misma (y es, a su vez, otra falsificación, más clara y no comentada, por cuanto se trata de una pieza sin eco ni relieve algunos).
  31. En fin, el argumento arqueológico de la integridad de la pieza (que apenas presenta unos desperfectos mínimos, muy acidentales) se hace más firme, si cabe, cuando se tiene en cuenta que Ilici fue totalmente destruída y todos sus restos aparecen por ello despedazados, como observaba el arqueólogo Ramos Fernández (p. 81). No sólo es inverosímil hallar una pieza intacta, cuando hubo de ser traída, llevada, tirada, etc., puesto que nada en torno se encontró que aludiera a su prístino emplazamiento ; sino que consta que en este lugar precisamente se produjo una destrucción total (de la que se han recogido millares de fragmentos mínimos).

Estos 31 argumentos, si se aguza el rigor en su exposición, pueden reducirse a 28 : puesto que tres de ellos son reiterativos. Mas, por otra parte, pudiera tal vez sumarse el argumento negativo de la persistente resistencia a someter la pieza a unos análisis de laboratorio solventes. Como quiera – y aunque ello obedezca a criterios personales – hemos destacado entre ellos nada menos que 17, que consideramos muy determinantes.

Algunos de ellos pudieran ser más desarrollados : por ejemplo, la actitud del propietario del terreno (27), que no se explica solamente por un relativo despego a las antigüedades en su tiempo, puesto que precisamente aquel personaje se esforzó en sacar un rendimiento a su hallazgo. Son muchos los datos que inducen a sospechar que “fue preparada” cuidadosamente la visita de Mr. Paris de modo que encontrase en Elche aquella atractiva novedad… y la pagase bien. Pero importa destacar que lo más determinante es la coincidencia de todos ellos o, por lo menos, de los más significativos.

A la vista de todo ello… también los no especialistas pueden formarse su opinión.

Si algunos concluyen que la autenticidad de la “Dama de Elche” es indefendible, no vale descalificarles en bloque, sino más bien cuidar de contraponerles argumentos que invaliden los que hemos recogido y Moffitt, diez años atrás, aireado con tan escaso éxito.q


John F. Moffitt : “El caso de la Dama de Elche – Crónica de una leyenda”. Ediciones Destino. Barcelona, 1995.

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